Probablemente lo que digo esté reforzado por The King, la tercera película que veo en esos canales en tres días consecutivos. Dirigida y escrita por James Marsh, TK es una historia de creencias y reglas. Luego de amor y venganza.


Un encontrón de formas de pensar. No de ideas, sino de formas. Una lucha entre la clonación y la aceptación de las diferencias.
Por eso Paul, cuando su padre lo presenta ante todo el auditorio como un chico súper dotado de inteligencia porque acaba de ser aceptado en la universidad y lleva consigo la fe correcta, él toma la guitarra y trata de hacer lo suyo.
"Aunque no venga de la palabra de Dios,
lo entenderán."
Y ahí está todo. Acaba de romper las reglas. Desaparece la diferencia entre mensaje y mensajero. Se expone la diferencia dentro de la igualdad, la distinta forma que pueden tomar las cosas dentro del mismo embase. Un mensaje vital, un resumen de lo que es rock, literatura, arte y pasiones. Expresarse, hacerse entender, venga de quien venga, seamos quienes seamos.
Amor o venganza, o algo así.
Y ahí está todo. Acaba de romper las reglas. Desaparece la diferencia entre mensaje y mensajero. Se expone la diferencia dentro de la igualdad, la distinta forma que pueden tomar las cosas dentro del mismo embase. Un mensaje vital, un resumen de lo que es rock, literatura, arte y pasiones. Expresarse, hacerse entender, venga de quien venga, seamos quienes seamos.
Amor o venganza, o algo así.
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