viernes, 25 de febrero de 2011

De cómo la literatura sí nos ayuda con la realidad: de Misha Glenny a Roberto Bolaño

Uno acude muchas veces a la literatura buscando desconectarse de la realidad cotidiana, de los problemas, de los fantasmas. Lo que encuentra uno ahí es ese otro mundo donde, por más cosas que uno pueda llegar a vivir ahí, está a salvo. “Tal es la magia de los relatos –dice Paul Auster-: pueden transportarnos a las profundidades del infierno pero en realidad son inofensivos”. Eso no quiere decir que no nos diga algo de la realidad. Son también lo que no tenemos, diría MVLL, las carencias de la realidad.

Detrás ese cuento antes de dormir que muchos realizan, por ejemplo, puede que haya una idea de tratar de cumplir todo lo que no se ha podido cumplir en un día, de desconectarse con todo lo que se ha hecho, de calentar los motores que hacen funcionar a los sueños cuando uno duerme. La literatura como cura, salvación o desconexión. En la literatura, por más que para algunos sea cotidiana o no, encontramos un ambiente más, el cual está reservado para esos momentos en que se hace necesario.

El hecho:

Había retomado la lectura de El Crimen sin Fronteras de Misha Glenny, periodista de la BBC, donde desmenuza el mundo de las mafias a nivel internacional. En el libro cuenta cómo las mafias terminan posicionándose en los espacios sin ocupar por las políticas de los Estados y cómo son también el resultado de una serie de relaciones políticas, culturales y económicas. Al final, con el tiempo, se han convertido en el elemento clave que hace funcionar las dinámicas económicas de los países.

Entre muchos casos concretos, M. Glenny cuenta la historia de Ludmila Balbinova de Moldava. En las vacaciones del verano del año 2002, Ludmila viajaría por primera vez al extranjero, al Israel de playas soleadas. Una amiga que se encontraba en ese país le había realizado todos los trámites de manera rápida, cosa extraña para la burocracia que existía entre ambos países. Lo que no sabía Ludmila era que ese favor era en realidad la cuota de liberación de su amiga que había sido secuestrada por un grupo de la mafia rusa en Israel dedicado a la trata de personas. Si una quería salir tenía que conseguir dos o tres mujeres más. Ludmila era una de ellas. Una vez hecha la primera parte del viaje su amiga la embarcó, junto con 10 mujeres más, en un tren rumbo a Moscú donde al llegar y ser encerrada en una habitación supo que no tendría vacaciones. En el aeropuerto de Domodedovo perdió su última oportunidad. Un guardia en el control de pasaportes captó la situación. Le preguntó si realmente sabía a dónde se dirigía. La respiración de los matones que la rodeaban la abrazó y dijo que sí. “Fue como oír el portazo de la entrada de la cárcel a su espalda”. En El Cairo estuvieron tres días. Cuando las entregaron a traficantes beduinos una de ellas intentó escapar. Le dispararon en las rodillas y la dejaron morir en medio de la nada. Una patrulla apareció, pero antes que llegara ya las habían hecho trepar a una camioneta a punta de balazos en el suelo. “Cuando llegó a Tel Aviv, Ludmila había pasado por las manos de moldavos, ucranianos, rusos, egipcios, beduinos, judíos rusos e israelís indígenas. (…) Pero su pesadilla no había hecho más que empezar”. Vivía encerrada de seis de la mañana hasta las cinco y media de la tarde. En las noches trabajaba 12 horas, atendía a veces hasta veinte clientes. “Se trata de un eufemismo: Ludmila era violada veinte veces cada noche”.

Ludmila intentó escapar dos veces. La primera vez un sargento de guardia, cliente del burdel donde la hacían trabajar, la delató. En la segunda, de la comisaría la llevaron al centro de detención por ser ilegal. En Israel como en muchos países no es el cliente sino la víctima a quien se considera delincuente.

Así de fuerte. Una historia dura con personas duras en los dos lados de la mesa, no solamente los mafiosos, sino también las personas que consumen esos servicios. Un sistema validado no solo por la oferta sino también por la demanda.

"Manadas de hombres de distintas razas, edades, y clases sociales entraban y salían de los prostíbulos. Sus rostros indicaban que habían aplacado cualquier remordimiento que pudieran haber sentido jamás acerca de la contratación de estos servicios”.

En fín, no era lo más propicio para leer antes de dormir.

Ante impotencias como las que generan estas historias no queda mucho más para eliminarlas que tocar otras cuerdas sensibles de uno. Cogí un libro de Bolaño, una compilación de sus cuentos. Me tocaba la segunda parte, Putas Asesinas. Siendo un título tan explicito para ese momento no pensé en una relación directa con la historia de Ludmila que acababa de leer. De repente mis ojos lo vieron, mi mente lo leyó, pero no necesariamente yo lo capté. Ese inconsciente perverso de uno decidió por el territorio ya conocido. Leí El Ojo Silva.

Ahora que releí el cuento para escribir esto me percaté de la advertencia que había ya desde el inicio: “el Ojo siempre intentó escapar de la violencia aun a riesgo de ser considerado un cobarde, pero de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar”. El Ojo Silva, Mauricio Silva, un chileno en México perteneciente al círculo de exiliados del Chile de Allende. Es homosexual y es fotógrafo. Antes de irse a Francia a trabajar para una agencia de fotógrafos de París le confiesa alguna de estas cosas a X, el narrador de la historia. Los años pasan pero X siempre conserva en su memoria la imagen del Ojo de una manera particular: “una forma de acercarse, de estar, una forma de opinar desde cierta distancia y desde cierta tristeza nada enfática”. Viaja a Paris, lo busca sin mayores esfuerzos y no lo encuentra. Años después es el Ojo quien lo encuentra a X en Berlín. Ambos conversan y el Ojo tiene algo que contar.

Años atrás el Ojo tuvo que realizar un trabajo fotográfico para un escritor francés sin nombre. El que no se mencione su nombre y el que se trate de un escritor que trabaja en un libro sobre las distintas zonas rojas en varios países, me llevó a pensar en Misha Glenny que, contrario a la historia, es inglés. El nombre de la ciudad tampoco se menciona, lo que le permite a uno situarse en la ciudad que desee. Saliendo de la lectura anterior de Glenny, y topándome con descripciones similares, inevitablemente me situé otra vez en el ambiente que había descrito de Tel Aviv. Estaba yo, como lector, ahí otra vez. El Ojo tuvo que recorrer los lugares mencionados en el trabajo del escritor. Fotografías de burdeles para ilustrar la obra. Él iba, sonreía, tomaba fotos. Cuando sus guías se dan cuenta que no le para bola a las mujeres lo llevan a un prostíbulo de homosexuales. Nada tampoco. Creyeron que el Ojo era más friki y lo llevaron a otro establecimiento con un altar o un oratorio. Ahí solo hay niños. Niños pobres. Niños que se ofrecen a una divinidad cuyo nombre también queda en el olvido. “Trato de olvidar, dijo”. A los niños los castran antes de hacerlos parte de un ritual que consiste en gran cantidad de obsequios y comida. Después del ritual son devueltos a sus comunidades que los rechazan por la vergüenza. La prostitución es uno de los pocos caminos que les ponen por delante. “Escuchó las explicaciones del médico o del barbero o del sacerdote, unas explicaciones prolijas en las que se mencionaba la tradición, las fiestas populares, el privilegio, la comunión, la embriaguez y la santidad”. M. Glenny en su reportaje ya había adelantado una explicación más certera: “la codicia material que apuntala la globalización, según la cual el dinero puede satisfacer todos los caprichos y deseos”. Ese es el nombre de la divinidad. El Ojo dice: “en mi interior lo único que hacía era maquinar. No un plan, no una forma vaga de justicia, sino una voluntad”. Al final termina huyendo con dos niños que iban a ser castrados. En un pueblo alejado los cuida, los educa, los protege. El final del cuento no es importante en este caso. Salvo decir que cuando el Ojo termina de contarle todo esto a X, llora, llora sin parar.

El cuento de Bolaño, con la falta de referencias de ciertos lugares que hace crucial esta relación, me llevó a posicionarme en la misma lectura anterior, la de M. Glenny de la cual huía. Lla historia era la misma por que el ambiente era el mismo, por que las personas pasaban por lo mismo, porque tenían los mismos fantasmas encima. Lo que era distinto era un hecho: el hecho de que el Ojo Silva, un personaje de ficción, entraba y rescataba a dos niños del ambiente real en el que Ludmila Balbinova había vivido también, y del que M. Glenny, como periodista, solo podía rescatar la historia y contarla.

Lo que te permite la ficción en este caso, con la literatura y la ficción simbolizadas en el Ojo, es actuar sobre la realidad. No necesariamente en el acto real concreto pero sí en el formato de las historias. Te permite actuar sobre ella, “transformarla” como diría MVLL, transformar la realidad para embellecerla o empeorarla. “No se escriben novelas (ficción) para contar la vida sino para transformarla, añadiéndole algo”. Lo que se añade: la voluntad del Ojo. La cura, la salvación.

El hecho termina siendo un hecho borgiano: el cruce de dos historias en las que primero uno conoce una realidad atroz que lo hace a uno huir a la literatura. Pero no, no lo borra, la literatura termina creando un personaje (el Ojo) que se introduce en esa realidad actuando directamente sobre ella al punto que rescata dos niños de la atrocidad.

La metáfora es que el Ojo Silva es la literatura que nos salva nosotros (y a Ludmila) que somos esos dos niños que forman parte de una realidad en crisis. La voluntad del Ojo es el deber que le concedemos a la literatura: salvar, salvarnos. Ante una impotencia en la realidad de no poder poner nuestras manos sobre la realidad palpable para cambiarla, la literatura, quizá no logra hacer lo que haría el contacto palpable con esta, pero sí nos hace creer en otras posibilidades para lo común. M. Glenny nos involucra, Bolaño nos salva. Con la veracidad del periodismo se puede contar cosas, pero en la verosimilitud de la ficción todavía queda la esperanza de la salvación, de un rescate, de que alguien nos venga a ayudar. Eso es pues la literatura.

El encontrar la salvación en un texto de ficción y no en un reportaje periodístico es algo que nos debe hacer pensar.

Como dice Bolaño al inicio del cuento: “El caso del Ojo es paradigmático y ejemplar y tal vez no sea ocioso volver a recordarlo”. No se equivoca. En la relación entre estos textos hay algo -“una forma de opinar desde cierta distancia y desde cierta tristeza nada enfática”- que nos dice mucho acerca de la realidad y la ficción.

lunes, 21 de febrero de 2011

El periodista según los referentes de Arcadi Espada

















"Un periodista es un hombre solo, sometido con frecuencia -y con los hechos calientes todavía- a la presión de interpretar la historia cuando la historia aún no se ha decidido". (Charo Gonzales) '¿Qué va a pasar?' le preguntan cada día al periodista. 'Lo que está pasando' es la única respuesta". (Arcadi Espada)

miércoles, 2 de febrero de 2011

El año del periodismo a secas: reflexiones para subsistir

La publicación que sacó a finales del año pasado el portal Clases de Periodismo, Reflexiones sobre periodismo: lo que dejó 2010 y lo que se viene en 2011, es como una pausa necesaria a la velocidad de esa bola inmensa en la que se ha convertido el periodismo hoy en día.
Es difícil sentir en el día a día la cantidad y profundidad de los cambios que van ocurriendo alrededor nuestro en lo que a información se refiere. En buena medida porque tan solo podemos abrir una cuenta, la nuestra, sin tener idea alguna de las otras miles que se abren a la vez. Un día fue el correo electrónico, después el chat, el messenger, el facebook, el twitter, hasta que en un momento (que probablemente ya es pasado también) fue Wikileaks. Entre estos íconos de la evolución informática hay una cantidad inmensa más de herramientas, sofwares, plataformas, etc. Por ende hay también nuevas modalidades de interacción con la información que vamos adoptando poco a poco. Poco a poco hasta que crean revoluciones, y ya no solo informáticas.

El final del 2010 con Wikileaks y el inicio del 2011 con las revueltas en el mundo árabe son la convulsión de un proceso de transformación que ha venido dándose explícitamente, pero borrosamente también tras la cotidianidad.

El 2010 tomó aún más velocidad, tanta que, como señala Critina F. Pereda, resulta casi imposible predecir de qué hablaremos dentro de doce meses. Tanta que ahora son los profesionales los que tienen que alcanzar a los lectores en cuanto a desarrollo y habilidades.

En el centro de esta evolución el periodista ha estado y está sudando frente a una pantalla buscando la forma de adaptarse y, a la vez, seguir contribuyendo al cambio constante.

12 periodistas de distintas nacionalidades se detuvieron a pensar cuál es el terreno que ha dejado el 2010 y cómo sería la mejor manera de caminar sobre él en el 2011.

Si bien en la mayoría de textos es el desarrollo tecnológico el eje de la reflexión, todos coinciden en que, además de la adaptación y la hiperespecialización, es la recuperación de los valores tradicionales del periodismo, del periodismo a secas, lo que definirá la subsitencia de unos y la desaparición otros.

Mención especial requiere el artículo México Desangrado de Rocio Gallegos. La realidad del periodismo en México asotada por la criminalidad del narcotráfico es otra cosa. Así hable de periodismo y de las circunstancias en las cuáles tienen que TRATAR de trabajar, es un texto con otro peso, de impotencia, terror y llanto escrito. Mientras las predicciones de los otros textos fluyen, acá tan solo podemos encontrar una gota de desesperanza: "aún es difícil saber qué es lo que vendrá en adelante, pero creo, por la experiencia, que nada bueno".

Del lado de la esperanza periodística, sobresalen las reflexiones de Javier F. Barrera, Cristina F. Pereda, Marco Sifuentes y Mario Tascón, que se erigen algunos casi como manifiestos para enfrentar un año más de cambios y revoluciones.

"El 2011 es la hora del periodismo.
Del periodismo a secas.
Del periodismo y punto
". (Javier Barrera)

Algunas cosas:

"Tenemos todo el 2011 para seguir avanzando... O empezar a entender lo que ya está ocurriendo y que seguro se tuiteó". (Esther Vargas, El periodismo que queremos)

"Si los medios del cuarto y quinto poder trabajáramos en equipo podríamos haver mejor periodismo, un proceso que requiere que entendamos y asumamos que el ecosistema de medios cambió". (Renata Cabrales, ¡Gracias Wikileaks!)

"Internet no ha sido ni el problema ni tampoco la solución para el periodismo. Como tampoco lo ha sido para la medicina, la educación o la democracia. Internet no es el futuro porque ya ha sido el presente durante al menos los últimos cinco años. Otra cosa es que muchos medios y no pocos periodistas hayan optado por prescindir de esta herramienta". (Javier Barrera, La 'Tormenta Perfecta' hace mutar al preiodismo para devolverlo a sus orígenes)

"Han cambiado las herramientas. Han cambiando las costumbres de periodistas y lectores. Ha cambiado la tecnología. Ha cambiado el contexto. Y las velocidades, hábitos e intereses. Pero la esencia de los medios sigue siendo el periodismo y ninguna de las novedades impide que siga siendo así". (Cristina Pereda, Ya no hay vuelta atrás)

"Tal vez nos hemos confiado demasiado en las tecnologías de la información cuando las destrezas que tenemos que recuperar posiblemente sean intelectuales y narrativas". (José Luis Orihuela, El periodismo tiene futuro, pero no cualquier periodismo)

"Podemos hablar de sociedad al cuadrado o de cualquiera de los términos que titulan este apartado y lo que implica es, sobre todo, la de una diversificación enorme de las 'formas de estar juntos'". (Dolors Reig, 2011, Internet iba en serio)

"La identificación de los usuarios a través de sus identidades digitales utilizadas para Facebook, Google o Twitter se está convirtiendo en moneda común y resulta cada vez más habitual. Hemos pasado de lo anónimo a la ciudadanía virtual". (Mario Tascón, Tendencias en el periodismo para 2011)

sábado, 22 de enero de 2011

Un Duro Despertar: algo se pudre en Lima

Un Duro Despertar (Hormigas editores, 2008) es, en principio, una imagen de Lima. Después es una novela negra. La Lima es la de los restos de una sociedad tras la dictadura fuijimontesinista: un Estado carcomido por la corrupción y una ciudadanía infectada con la cultura chicha. Todos están a la venta de manera implícita. También Fabio, un tipo al que el trabajo le estorba y hace taxi en el carro de su padre. Su rutina se rompe cuando, por dinero para pagar un cupo como taxista a los policías de la zona, decide tomar la misión de buscar a Zoe, la asesina y ex pareja del hijo de quien le paga el trabajo. Así pasan a ser las piezas de juego del padre de Zoe y el comandante Barrios que se muerden uno al otro por ascender a la dirección antinarcóticos de la policía. También se convierten en los personajes del gran reality show de la prensa chicha, donde los comandantes publicitan sus acciones para ser conocidos. Y también son el desenlace de una serie de relaciones ocultas establecidas por la venganza, el dinero, el deseo y la perversión de una sociedad que, como señala el mismo Aldo Pancorbo en una entrevista, busca “hacer de esta autodestrucción algo llamativo”. Algo se pudre en Lima.

Con una narración sin presunciones, propia del realismo sucio, Pancorbo construye un ambiente limeño preciso en el tiempo: el de los grifos Mobil, el de las primeras canciones de reggaetón que incomodan en un inicio a los salseros, el de All that things she said de Tatoo y las antiguas pathfinder de la policía. En los espacios también: las escenas transcurren en chifas, combis, discotecas, callejones, fiestas y otros escenarios creados con cada elemento casi surrealista que suele caracterizarlos (flores de plastico, stickers de combi, puertas sin manijas, colores y aromas). Pancorbo peca sí en un exceso de citas de canciones que si bien ayudan a terminar de construir una atmosfera que tal vez la parquedad narrativa del realismo sucio dificulta, llega, repito, a ser excesiva.

La estructura del thriller es respetada en todo momento. Las palabras, por más que siempre tengan una revelación o una intención de los personajes detrás, siempre guardan algo. Pero esa estructuración juega una mala pasada, sobre en todo en Zoe, que termina encasillada en un prototipo bastante notorio de la clásica femme fatale de las novelas negras americanas que no la deja llegar a acriollarse como los demás personajes.

Un Duro Despertar, a pesar de que cuenta una historia que hasta hoy la podríamos leer en la primera plana de varios diarios, sube la cotidianidad sucia y perversa de Lima al nivel de la literatura, haciendo así de lo perverso un buen momento.

No hay frases que subrayar. En ese caso, el libro de Pancorbo es una frase sin presunciones, clara, intensa y que nos dice algo también de la lucha entre el deseo y el temor.

miércoles, 19 de enero de 2011

Death Metal: "imágenes de una agonía prolongada"

En toda generación existen los que toman caminos trazados y los que trazan los suyos o por lo menos lo intentan. Estos, los que se construyen realmente (sean lo que sean), construyen sus personalidades con sus propios cimientos: discos de música, lecturas, manías familiares, recuerdos imborrables, búsquedas particulares... Lo que resulta de esto, en Death Metal (Estruendomudo 2010) es algo oscuro y denso; al principio extraño, pero al final normal, comprensible y real: personas absorbidas por sus propios dormitorios, mutiladas por sus pasiones, que buscan ser grandes con pequeños atracos, que buscan conexiones mágicas a través del Necronomicón de Lovecraft o la sangre de mono, que esperan su muerte en la barra de un bar o, también, que terminan contruyendo sin saber un camino igual al que tenían trazado.

Hay otros que tratan de juntar las pieza, de saber cómo se dio la tortura generacional, de saber cómo se hizo pedazos la cabeza direccional que es una sociedad en conjunto o "una trama oscura de la que todos somos partes".

Ellos, los personajes de Bisama (Chile 1975), son "las imágenes de una agonía prolongada" de los niveles profundos y oscuros desde Valparaíso a Santiago. Personajes separados por los puntos finales de los relatos, pero que se cruzan continuamente, en frases cortas, claras y concisas que cogen una alta velocidad, en las calles de una ciudad enferma que se llama Death Metal, una ciudad en la que viven tantos. Y que, queramos o no, creamos o no, todos pisamos de vez en cuando.

Algunas cosas: "...la ciudad está viva: respira como un animal de muchas cabezas y garras y corazones y pulmones y pelos. la ciudad es un reptil enfermo que me transmite las imágenes de su agonía prolongada. y lo que yo hago es vudú para sanarla".

"...le pedía que le hiciera el amor para poner su mente en otra cosa, como si el deseo fuera (...) una mano que la sostenía en la oscuridad de la habitación y la garraba fuerte para que no fuera a salir corriendo rumbo a ninguna parte. (...) El amor y el deseo son formas de la mutilación, a veces".

"...la senda más honesta o terrible de todas: el camino de la piel".

"...me pidió que le dajara a solas con los segundos que le quedaban. Era lo único que tenía. La arena negra de los segundos".

"el futuro y el pasado son viscosos, imágenes de horror, los pedazos de una canción que se desarma".

"Me tatué una legión de demonios. Me tatué detalladamente el mapa que tendrá la tierra una vez que todo se acabe, de que todo se
vaya a negro, de que el cielo se convierta en electricidad y granizo negro".

martes, 18 de enero de 2011

Una de las sangres de Lima según Bryce Echenique

18/01/11 476 Aniversario de Lima
"...y de los barrios residenciales y las barriadas y el casco histórico totalmente tugurizado y repleto de ambulantes y asaltantes y de cholos de mierda andinos y costeños y feos, enanos, enclenques, desnutridos y peruanitos, después, y chicha hoy con todo aquello englobado en sector informal y salvase quien pueda.

Que es cuando empiezan a salvarse los peruanitos enclenques y feos y retacos y desnutridos y caen en el olvido los odrias y los prados y se ahogan en los belaundes y velascos y los morales y los alanes garcia y naufragan también las izquierdas unidas y desunida y los partidos tradicionales y los clanes inmortales y resulta que el cholo de mierda deviene en cholo a secas, elige un presidente japonés con racismo y a una santa que no tiene su documentación en regla en el Vaticano ni en Lima ni en el pueblo de su humilde cuna emigrante campo-ciudad, pero que carajo importa eso, oiga usted señor obispo, que tampoco yo tengo mi documentación al día y soy mas informal que aquí mi concubina y no conozco a mi padre, que apenas si conoció a mi madre, y por eso Sarita Colonia es chola y bien santa, oiga usted, y es la primera empleada domestica que entra al cielo por la puerta grande y no diga usted lo contrario, señor obispo, porque ya sabe usted que cuando Dios dice NO, Sarita Colonia dice TAL VEZ, y mucho respeto le tengo a usted, si, señor obispo pero no nos venga otra ves a los de la barriada de lagrimas con lo del valle empapado no con eso de que, encima de todos los microbuses que tengo que tomar al día, para que Sarita Colonia obre el milagro de conseguirme un con que vivir, el día en que mi fe encuentre trabajo, no, no me venga, oiga usted señor obispo, con que las vírgenes que lloran por todo Lima, menos en los barrios residenciales, donde solo lloran los ricos, porque los ricos también lloran, según la televisión, no, no me venga con que encima de todo, carajo, esas madres de Jesucristo están llorando porque somos pecadores y tenemos crimen y castigo, señor obispo, francamente creo que ya se le paso a usted la mano de católica a sádica, monseñor, porque esas vírgenes lo que están es bien muertitas de ver como sufrimos, que hambre tengo, virgencita, y como habiendo fiebre porcina y teniendo yo doce hijos naturales, naturalmente, y un cerdito, pues no, no lo mato, no, señor obispo, ni aunque me mate a mis hijos lo voy a matar yo a mi chanchito, señor obispo, y no me venga usted carajo con que soy un ignorante, que yo lo que sé es un millón de cosas de la vida que la razón no entiende, monseñor, ni se las imagina ni se las sueña, siquiera, cosas como que mas hijos si puedo tener pero de donde voy a sacar yo plata para comprar otro cerdo si mato a este porque esta enfermito y Sarita Colonia todavía no me lo puede curar…

… y el Perú entero ya es un inmenso TAL VES de Sarita Colonia y un millón de vírgenes que lloran novedosamente por nosotros y no por culpa de nosotros en esta Lima chola…"
(Alfredo Bryce Echenique - No me esperen en Abril)

viernes, 14 de enero de 2011

Wikipedia 10

"El ideal del ciudadano informado se desmorona, sencillamente porque el conocimiento desborda con creces a cualquier individuo. El ideal de la ciudadanía vigilante depende del desarrollo de nuevas destrezas cooperativas y de una nueva ética de la distribución del conocimiento compartido que nos permita deliberar juntos". (Henry Jenkins)