
Algunas cosas:
"Esa sutil vibración de todo lo que nos rodea cuando leemos por primera vez una frase que jamás se nos olvidará". (R. Fresán)


Ya en los sesentas la Escuela de la praxis buscó revalorizar los preceptos éticos de Marx que hallaban sobre todo en sus divagaciones de los Manuscritos de París. En esos manuscritos leí una frase que desde esa vez uso siempre para empezar a hablar de Marx: "Todas y cada una de tus relaciones con el hombre -y con la naturaleza- tienen que ser una expresión precisa de tu vida real, individual acorde con el objeto de tu voluntad". Cojudo por una frase tan distante al imaginario que hasta entonces tenía de él seguí algunos rastros y llegué a Humanismo Socialista. Una recopilación de artículos de la Escuela de la praxis hecha por Erich Fromm. Me costó un par de tardes encontrar un ejemplar en Quilca. No lo solté y no lo he soltado. La reseña:
Humanismo Socialista (1966) es una recopilación de artículos que difundió las ideas de La Escuela de la Praxis de Yugoslavia en los años sesentas. En él se pueden encontrar textos de seis de los miembros de la escuela (Marković, Petrović, Danilo Pejović, Veljko Korać, Rudi Supek y Predrag Vranicki) como de otros marxistas y/o humanistas. Los temas tratados fueron escogidos libremente con la intención de ver cuáles eran los temas más centrales del Humanismo Socialista y ver, en el caso que haya temas que se repitan, las diferentes posturas e interpretaciones frente a estos. Está dividido en cinco partes: Sobre el humanismo, Sobre el hombre, Sobre la libertad, Sobre la alienación y Sobre la práctica. Este texto se centrará en sintetizar las ideas del capítulo segundo (Sobre el hombre) que cuenta con nueve artículos, de los cuales se tocarán siete.
Proust, primero, sobre cómo giran las cosas alrededor de uno cuando lee, sobre cómo pasa el tiempo entre lectura y lectura, sobre cómo la realidad estorba. Después, sobre cómo la lectura, haragán, te puede devolver la facultad de pensar y así, posiblemente, hacerte encontrar una de las amistades más puras donde "si pasamos la noche con ellos (los libros), es porque así lo deseamos". Donde se vibra con una "conclusión" del autor que para el lector no resulta más que una "iniciación", una idea como punto de partida para la búsqueda de una verdad que insistiremos buscándo en ese autor, en las siguientes páginas, en sus siguientes obras, porque queremos que él no las diga, porque confiamos que él sabrá decírnosla con las palabras adecuadas, pero no: "es en el momento en que nos han dicho todo lo que podían decirnos cuando hacen nacer en nosotros el sentimiento de que no nos han dicho nada aún". Proust sobre la lectura. 


Había retomado la lectura de El Crimen sin Fronteras de Misha Glenny, periodista de la BBC, donde desmenuza el mundo de las mafias a nivel internacional. En el libro cuenta cómo las mafias terminan posicionándose en los espacios sin ocupar por las políticas de los Estados y cómo son también el resultado de una serie de relaciones políticas, culturales y económicas. Al final, con el tiempo, se han convertido en el elemento clave que hace funcionar las dinámicas económicas de los países.
Ludmila intentó escapar dos veces. La primera vez un sargento de guardia, cliente del burdel donde la hacían trabajar, la delató. En la segunda, de la comisaría la llevaron al centro de detención por ser ilegal. En Israel como en muchos países no es el cliente sino la víctima a quien se considera delincuente.
Así de fuerte. Una historia dura con personas duras en los dos lados de la mesa, no solamente los mafiosos, sino también las personas que consumen esos servicios. Un sistema validado no solo por la oferta sino también por la demanda.
"Manadas de hombres de distintas razas, edades, y clases sociales entraban y salían de los prostíbulos. Sus rostros indicaban que habían aplacado cualquier remordimiento que pudieran haber sentido jamás acerca de la contratación de estos servicios”.
En fín, no era lo más propicio para leer antes de dormir.
Ante impotencias como las que generan estas historias no queda mucho más para eliminarlas que tocar otras cuerdas sensibles de uno. Cogí un libro de Bolaño, una compilación de sus cuentos. Me tocaba la segunda parte, Putas Asesinas. Siendo un título tan explicito para ese momento no pensé en una relación directa con la historia de Ludmila que acababa de leer. De repente mis ojos lo vieron, mi mente lo leyó, pero no necesariamente yo lo capté. Ese inconsciente perverso de uno decidió por el territorio ya conocido. Leí El Ojo Silva.
Ahora que releí el cuento para escribir esto me percaté de la advertencia que había ya desde el inicio: “el Ojo siempre intentó escapar de la violencia aun a riesgo de ser considerado un cobarde, pero de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar”. El Ojo Silva, Mauricio Silva, un chileno en México perteneciente al círculo de exiliados del Chile de Allende. Es homosexual y es fotógrafo. Antes de irse a Francia a trabajar para una agencia de fotógrafos de París le confiesa alguna de estas cosas a X, el narrador de la historia. Los años pasan pero X siempre conserva en su memoria la imagen del Ojo de una manera particular: “una forma de acercarse, de estar, una forma de opinar desde cierta distancia y desde cierta tristeza nada enfática”. Viaja a Paris, lo busca sin mayores esfuerzos y no lo encuentra. Años después es el Ojo quien lo encuentra a X en Berlín. Ambos conversan y el Ojo tiene algo que contar.
Años atrás el Ojo tuvo que realizar un trabajo fotográfico para un escritor francés sin nombre. El que no se mencione su nombre y el que se trate de un escritor que trabaja en un libro sobre las distintas zonas rojas en varios países, me llevó a pensar en Misha Glenny que, contrario a la historia, es inglés. El nombre de la ciudad tampoco se menciona, lo que le permite a uno situarse en la ciudad que desee. Saliendo de la lectura anterior de Glenny, y topándome con descripciones similares, inevitablemente me situé otra vez en el ambiente que había descrito de Tel Aviv. Estaba yo, como lector, ahí otra vez. El Ojo tuvo que recorrer los lugares mencionados en el trabajo del escritor. Fotografías de burdeles para ilustrar la obra. Él iba, sonreía, tomaba fotos. Cuando sus guías se dan cuenta que no le para bola a las mujeres lo llevan a un prostíbulo de homosexuales. Nada tampoco. Creyeron que el Ojo era más friki y lo llevaron a otro establecimiento con un altar o un oratorio. Ahí solo hay niños. Niños pobres. Niños que se ofrecen a una divinidad cuyo nombre también queda en el olvido. “Trato de olvidar, dijo”. A los niños los castran antes de hacerlos parte de un ritual que consiste en gran cantidad de obsequios y comida. Después del ritual son devueltos a sus comunidades que los rechazan por la vergüenza. La prostitución es uno de los pocos caminos que les ponen por delante. “Escuchó las explicaciones del médico o del barbero o del sacerdote, unas explicaciones prolijas en las que se mencionaba la tradición, las fiestas populares, el privilegio, la comunión, la embriaguez y la santidad”. M. Glenny en su reportaje ya había adelantado una explicación más certera: “la codicia material que apuntala la globalización, según la cual el dinero puede satisfacer todos los caprichos y deseos”. Ese es el nombre de la divinidad. El Ojo dice: “en mi interior lo único que hacía era maquinar. No un plan, no una forma vaga de justicia, sino una voluntad”. Al final termina huyendo con dos niños que iban a ser castrados. En un pueblo alejado los cuida, los educa, los protege. El final del cuento no es importante en este caso. Salvo decir que cuando el Ojo termina de contarle todo esto a X, llora, llora sin parar.
El cuento de Bolaño, con la falta de referencias de ciertos lugares que hace crucial esta relación, me llevó a posicionarme en la misma lectura anterior, la de M. Glenny de la cual huía. Lla historia era la misma por que el ambiente era el mismo, por que las personas pasaban por lo mismo, porque tenían los mismos fantasmas encima. Lo que era distinto era un hecho: el hecho de que el Ojo Silva, un personaje de ficción, entraba y rescataba a dos niños del ambiente real en el que Ludmila Balbinova había vivido también, y del que M. Glenny, como periodista, solo podía rescatar la historia y contarla.
Lo que te permite la ficción en este caso, con la literatura y la ficción simbolizadas en el Ojo, es actuar sobre la realidad. No necesariamente en el acto real concreto pero sí en el formato de las historias. Te permite actuar sobre ella, “transformarla” como diría MVLL, transformar la realidad para embellecerla o empeorarla. “No se escriben novelas (ficción) para contar la vida sino para transformarla, añadiéndole algo”. Lo que se añade: la voluntad del Ojo. La cura, la salvación.
El hecho termina siendo un hecho borgiano: el cruce de dos historias en las que primero uno conoce una realidad atroz que lo hace a uno huir a la literatura. Pero no, no lo borra, la literatura termina creando un personaje (el Ojo) que se introduce en esa realidad actuando directamente sobre ella al punto que rescata dos niños de la atrocidad.
La metáfora es que el Ojo Silva es la literatura que nos salva nosotros (y a Ludmila) que somos esos dos niños que forman parte de una realidad en crisis. La voluntad del Ojo es el deber que le concedemos a la literatura: salvar, salvarnos. Ante una impotencia en la realidad de no poder poner nuestras manos sobre la realidad palpable para cambiarla, la literatura, quizá no logra hacer lo que haría el contacto palpable con esta, pero sí nos hace creer en otras posibilidades para lo común. M. Glenny nos involucra, Bolaño nos salva. Con la veracidad del periodismo se puede contar cosas, pero en la verosimilitud de la ficción todavía queda la esperanza de la salvación, de un rescate, de que alguien nos venga a ayudar. Eso es pues la literatura.
El encontrar la salvación en un texto de ficción y no en un reportaje periodístico es algo que nos debe hacer pensar.
Como dice Bolaño al inicio del cuento: “El caso del Ojo es paradigmático y ejemplar y tal vez no sea ocioso volver a recordarlo”. No se equivoca. En la relación entre estos textos hay algo -“una forma de opinar desde cierta distancia y desde cierta tristeza nada enfática”- que nos dice mucho acerca de la realidad y la ficción.
Un Duro Despertar (Hormigas editores, 2008) es, en principio, una imagen de Lima. Después es una novela negra. La Lima es la de los restos de una sociedad tras la dictadura fuijimontesinista: un Estado carcomido por la corrupción y una ciudadanía infectada con la cultura chicha. Todos están a la venta de manera implícita. También Fabio, un tipo al que el trabajo le estorba y hace taxi en el carro de su padre. Su rutina se rompe cuando, por dinero para pagar un cupo como taxista a los policías de la zona, decide tomar la misión de buscar a Zoe, la asesina y ex pareja del hijo de quien le paga el trabajo. Así pasan a ser las piezas de juego del padre de Zoe y el comandante Barrios que se muerden uno al otro por ascender a la dirección antinarcóticos de la policía. También se convierten en los personajes del gran reality show de la prensa chicha, donde los comandantes publicitan sus acciones para ser conocidos. Y también son el desenlace de una serie de relaciones ocultas establecidas por la venganza, el dinero, el deseo y la perversión de una sociedad que, como señala el mismo Aldo Pancorbo en una entrevista, busca “hacer de esta autodestrucción algo llamativo”. Algo se pudre en Lima.
En toda generación existen los que toman caminos trazados y los que trazan los suyos o por lo menos lo intentan. Estos, los que se construyen realmente (sean lo que sean), construyen sus personalidades con sus propios cimientos: discos de música, lecturas, manías familiares, recuerdos imborrables, búsquedas particulares... Lo que resulta de esto, en Death Metal (Estruendomudo 2010) es algo oscuro y denso; al principio extraño, pero al final normal, comprensible y real: personas absorbidas por sus propios dormitorios, mutiladas por sus pasiones, que buscan ser grandes con pequeños atracos, que buscan conexiones mágicas a través del Necronomicón de Lovecraft o la sangre de mono, que esperan su muerte en la barra de un bar o, también, que terminan contruyendo sin saber un camino igual al que tenían trazado.
"...la ciudad está viva: respira como un animal de muchas cabezas y garras y corazones y pulmones y pelos. la ciudad es un reptil enfermo que me transmite las imágenes de su agonía prolongada. y lo que yo hago es vudú para sanarla".
La historia. Dos niños judíos, Isaac Goldman y Ezra Leventhal, amantes de la ciencia ficción de una manera particular, personal, superior. Y una “niña rara”, Ella, de la que se enamoran. Todo dentro de un marco no sólo histórico (posiblemente los años 50’s en NY según Edmundo Paz Soldán) sino también espacial-temporal. Y en medio de todo, el constante fin del mundo que no es uno, sino la sucesión y el desencadenamiento de uno tras otro.
“Es fácil para otros (…) escribir, y hasta escribir muy bien, sobre las altas y bajas mareas del amor. Mucho más difícil de precisar son las variaciones en ese aparentemente estable lago que es la amistad y en cuyo centro, de tanto en tanto, estallan tormentas circulares y secretas por el solo placer de, enseguida, ser borradas por un inesperado cielo azul”.
El nombre de Luis Alberto Sánchez siempre lo escuché pronunciado con un tono solemne e imponedor por mi padre. Un nombre con un sonido que yo no pude escuchar porque simplemente no existía. Ese sonido es el del Perú del siglo XX. Que su segunda mitad fue un Perú de golpe de estados y toques de queda, de fiebre de revolución y liberación, de cafés y bares como trincheras de ideas políticas y revolucionarias, de la influencia del amor libre, de los primeros televisores y los primeros partidos internacionales de futboll. Un Perú de Prados, Hayas, Belaundes, Velascos y demás personajes. Pero para LAS el personaje no es sólo uno, lo es todo. Los Revoltosos (1984), la tercera entrega de una serie que atraviesa todo el siglo XX, no es la historia de alguien, es la historia de algo. Es la historia de la Historia.
Leí El Hablador para un curso acerca de la teoría política y literaria de VGLL. El análisis fue en la busqueda de las ideas culturales y políticas de VGLL en la novela. El libro es un ir y venir entre la cultura urbana occidental insertada en la capital limeña y el mundo de los indios machiguengas en armonía con la naturaleza de la selva.
Me pidieron una síntesis de la conclusión de Henry Jenkins en Converge Culture. El capítulo se titulaba: ¿Democratizando la televisión? La política de la participación. Recorrí otros capítulos también. El libro es esa lectura necesaria para conocer el otro lado de la moneda (el favorable) del desarrollo de las tecnologías en los medios de comunicación. Digamos que del lado de "los integrados" de Humberto Eco, algo así como la respuesta en el siglo XXI a la Escuela de Frankfurt.
After Burn (traducido con mal gusto como El Peso del Pasado). Confirmado. El lugar de Colin Harrison es Nueva York. O por lo menos mi Nueva York es el de Colin Harrison.
En Manhattan hay quienes son capturados y quienes escapan, quienes sobreviven y quienes son liberados. Hay quienes buscan y quienes huyen. Hay, también, los que hacen más de una cosa a la vez. Quiénes se encuentran en qué situación depende de la moneda, de la fuerza con la que una ciudad como NY pueda lanzar al aire la vida de sus habitantes. Pero en los thrillers de CH, dentro de este abánico de destinos, predomina siempre una acción: hay quienes se cruzan y se encuentran.
Me pidieron en la universidad, para el curso de Análisis del Discurso, una exposición acerca de las Vanguardias Latinoamericanas que cortó durante más de una semana mis lecturas encarriladas.
Arte puro v.s. Arte comprometido
Hablar de la y las teorías de Carlos Marx hoy en día para muchos resulta retrogrado, necio. Es que sucede pues que "lo marxista" se ha comido por entero "lo marxiano". Es decir, todo el imaginario cultural acerca de Marx creado a lo largo de la historia ha dejado de lado, en buena medida, los textos en sí. Inclusive una vez subrayé una gran frase de Quino en Mafalda: "Qué tranquilidad reinaría en el mundo si Marx no hubiera tomado la sopa". Después de unos años discuto con ello y creo que la tranquilidad reinaría si todos aquellos que suelen vincularse con él lo hicieran con esa "expresión precisa de tú vida real, acorde con el objeto de tú voluntad" que decía Marx, en Los Manuscritos de París, era el mejor modo de relacionarse con el hombre y la naturaleza. Osea, que cada quién asimile y critique de forma real (personal) sus teorías y después, recién, condene, santifique o tome en cuenta a alguien.
Carlín reconoce que esto puede ser visto como ir en contra de los principios de las tendencias que van en contra del capital, que sería darle vida al capitalismo, pero eso no le importa mucho (y estoy de acuerdo). Recuerda que Marx, una de las primeras cosas que hizo fue luchar por la reducción de las horas de trabajo. Es decir, puede ir contra de los principios marxitas, pero no de los marxianos.
Hace unos años intenté leer a Henry Miller arrastrado por el inagotable personaje de Bryce Echenique, Martín Romaña. Ejemplo: "Decidí que la muchacha que estaba en la mesa de al lado con sus padres era lo que yo necesitaba, y empecé a actuar con un desparpajo cuyo centro motor me estaba funcionando indudablemente en el pene. La muchacha sonrió como si también hubiese leído a Miller...". Así, al tiempo, conseguí Trópico de Capricornio. Esperó largo tiempo porque la novela de Bryce me tomó largo tiempo y gozo terminarla. Llegado su momento no pasé de las primeras 50 páginas, recuerdo. HM tenía una extraña manía de ejemplificar todo hasta el infiníto que, impresa por la editorial Oveja Negra, sehacía aún más larga y tediosa en esas miles de letras apretadas por página. Parecen un montón de hormigas tratando de decir algo.
He terminado de leerla ahora. Podría decir "por fin" por dos razones. Porque así termino de leer también La Vida Exagerada... en cierta medida, y porque Trópico... es un largo, por momentos tedioso, recorrido por las venas picadas de los E.E.U.U. de su generación.
"Todos los diarios llevan incorporados un subtexto genérico que dice 'Hoy también amaneció', y sobre el que se anotan las desviaciones de la felicidad general. (Una característica de la felicidad es que no se comenta en presente, a riego de que en el festín se cuele de inmediato la muerte. La felicidad es siempre retrospectiva".
El año pasado un buen amigo me regaló mi primer libro de Noam Chomsky, Poder y Terror: reflexiones posteriores al 11/09/2001.
¿Pero qué pasa cuando un activista político es el creador de una de las corrientes lingüísticas más primordiales de estos tiempos? "Resulta que la lengua es una de las pocas áreas donde se puede estudiar el meollo mismo de las aptitudes humanas de modo muy profundo. Y lograr algunos resultados que van más allá de la comprensión superficial. (...) En esa aptitud para el lenguaje está el aspecto creativo: la libre capacidad para hacer lo que usted y yo estamos haciendo: expresar nuestras ideas de manera novedosa sin trabas, dentro de ciertas restricciones pero sin límites".
A pesar de que él afirme que no hay necesariamente una relación directa entre su labor como lingüista y activista político, creo que es esta idea de concebir el lenguaje la que lo lleva detrás de cada una de las palabras del país más poderoso. Es decir: Chomsky plantea que a través del uso del lenguaje se puede conocer cómo trabajan las estructuras cerebrales de las perosnas. Así, en el discurso americano, él no puede dejar de ver al Estado trabjando, tramando, creando. Porque al final, el arma más poderosa de EEUU no son las que disparan hoy en Irak, Afganistán, y otros países, sino las que disparan cada día en su parloteo superficial a nuestra forma de ver el mundo que justifica las otras.
Los subrayados que dejo ahora tratan más que nada de ser ejemplos de lo que digo. También otras cosas.
Algunas cosas:
Acerca del 11 de sep: "Fue un acontecimiento histórico pero, desgraciadamente, no por la magnitud ni la naturaleza de la atrocidad sino por quiénes habían sido las víctimas".
"Aquí está Estados Unidos con todo su inmenso poderío, dispuesto a cometer enormes atrocidades dentro de la OTAN mientras, al mismo tiempo, los líderes del mundo occidental se reunen en Washington y se rasgan las vestiduras por las atrocidades cometidas al otro lado de la OTAN. Y, aunque sostengan que no es verdad, se vanaglorian de bombardear 'para prevenir atrocidades'". Respecto a esto dejo un enlace de lo que está ocurriendo en estos momentos en Afganistan con un acuerdo establecido por los mismos compadres, EEUU y la OTAN, apoyados por británicos y afganos para "restablecer el control gubernamental": La OTAN lanzó gran ofensiva en Afganistán
"Todo el mundo está empeñado en acabar con el terrorismo. Pues bien, hay una manera muy sencilla de hacerlo: dejar de participar en él".
Acerca de la guerra de Vietnam que se extendió hasta Indochina: "Nadie sabe cuántas personas murieron porque esas víctimas no cuentan".
"Por definición, un proceso de paz significa cualquier cosa que haga Estados Unidos".
"La amenaza del comunismo siempre fue una impostura".
"Crímenes ideológicos e institucional y la democracia capitalista es tan responsable de ellos como quienes apoyan en cualquier aspecto el llamado comunismo son responsables de la hambruna china".
"No hubo fuego palestino, sólo las piedras de los chicos".
"Sí, está mal pasar por alto los crímenes cometidos por otros y no hacer cuanto sea necesario por evitarlos, pero mucho más importante es mirarse al espejo, ver lo que está haciendo uno mismo y hacer algo por remediarlo".