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sábado, 11 de junio de 2011

El peso de la Historia: el grito de Sándor Márai

Bronislaw Baczko escribe en Marx y la universalidad del hombre: "Sólo podemos pensar en la humanidad y en el género humano enfocádolos como un problema de nuestra incumbencia, de cual somos los únicos responsables, o de lo contrario no podríamos pensar en ellos. El deseo de rehuir esta responsabilidad, y la sensación de impotencia solitaria frente a ella, se oculta detrás de una tendencia del pensamiento, característica de nuestra época, que separa la vida cotidiana de la historia, al tiempo existencial del tiempo histórico".

Es decir, vivimos el día a día, nunca la historia. Vivimos como indíviduos pertenecientes y responsables de (máximo) un país, nunca de la humanidad. Lo macro no existe. Lo micro (concentrarse en uno) es más fácil.

¿Pero qué pasa cuando esa Historia se presenta, ineludiblemente, frente a uno, y empieza a atravesar el ser arrazando todo a su paso, desde las bibliotecas hasta la sociedad misma, amenazando la misma razón de la existencia? ¿Qué pasa si un escritor como Márai se encuentra en medio de la amenaza? Pues escribe. Escribe un grito de axulio como ¡Tierra, Tierra!

1944. Hungria es el patio de guerra entre los nazis y los bolcheviques. De los alemanes a los rusos no parece ser pues el mejor cambio. Pero es un cambio y la esperanza se posiciona en el mínimo espacio que le conceda la mera idea de una posibilidad. El sentido de la existencia -el límite de la obediencia, el espacio necesario para considerarse libre-, tras extraviarse por varios años bajo la ideología soviética, termina configurándose en el lenguaje. El lenguaje húngaro que le permite a Márai saber
que algo aún gira dentro de él y que no es movido por el régimen totalitario. Un lenguaje que acoge y le brinda un hogar. Pequeño, oscuro, con la amenaza de que en cualquier momento toquen a la puerta y todo se acabe, pero un hogar al fin.

Es una clase de historia con un testigo invitado a contar su testimonio. Y el invitado no ha olvidado nada. Al contrario, todo lo ha pensado mucho. Lo que cuenta aparece y se toca. Cada individuo, cada miedo y cada interregonte.

¡Tierra, Tierra! es el grito que abraza, con una desesperación jodidamente controlada, 441 páginas de reflexiones políticas, psicológicas, filosóficas e históricas. Diría incluso que el libro en sí, como objeto, contiene una carga existencial. Que el contenido le pesa. Porque el libro, como artefacto del hombre, puede que le resulte también demasiado "pensar en la humanidad y en el género humano enfocádolos como un problema de nuestra incumbencia".

Algunas cosas:

"Así son las guerras, siempre terribles, y las botas llenas de barro siempre acaban pisoteando los manuscritos de tierras extranjeras".

"El hambre es algo más poderoso que el mismo oro".

"La palabra escrita adquiere un significado mágico al principio de cualquier empresa humana primitiva. La palabra escrita fija algo que se presenta en el alma humana primitiva bajo la forma de un deseo poco definido, de una intuición mítica, y el mito fijado en palabras se convierte en Historia, en conciencia histórica, es decir, en una experiencia cargada de responsabilidades".

"En las situaciones de crisis vital la mano invisible del destino nos proporciona las lecturas necesarias; lecturas que de alguna manera, aunque no siempre directa, nos dan las respuestas a los problemas del momento".

"La ley de la conservación de energía es válida no solo en el terreno de la física, sino también en el marco del destino personal: nunca se destruirá por completo el fenómeno que construye y constituye la personalidad más allá de la mera realidad orgánica".

"Siempre son los poetas los que transforman los pastos en patria. (...) Sabían que la Literatura comienza con las palabras innecesarias. Y que la nación comienza con la Literatura".

"En los momentos cruciales de la vida privada y social siempre surge la misma y decisiva pregunta: ¿Odias lo mismo que yo odio, o bien eres indiferente y tolerante? Quien no lo ogra odiar bastante acabará siendo odiado".

"Con la tripa vacía no se puede cantar el himno nacional".

"Sobrevivir es, al fin y al cabo, un acto tan heroico como buscar la verdad hasta el agotamiento".

"El recuerdo de la juventud es también como el ensayo general de una singular tragicomedia".

"Los que avanzan juntos en el tiempo en una misma dirección, de alguna manera nunca se conocen. Un contemporáneo no tiene rostro histórico".

"El vástago inmundo del temor es siempre el pánico".

"Hay que resignarse a aceptar que la Historia es indigna de confianza y que es arbitraria, como todo lo hecho por el hombre".

"Escribir para la nada es un ejercicio similar al esfuerzo que, con la cara congestionada, realiza un mudo para hablar".

"El terror es peligroso porque tiene miedo".

jueves, 24 de marzo de 2011

La palabra escrita según Márai

















"La palabra escrita adquiere un significado mágico al principio de cuaquier empresa humana primitiva. La palabra escrita fija algo que se presenta en el alma humana primitiva bajo la forma de un deseo poco definido, de una intuición mítica, y el mito fijado en palabras se convierte en Historia, en conciencia histórica, es decir, en una experiencia cargada de responsabilidades". (Sandor Márai)

viernes, 25 de febrero de 2011

De cómo la literatura sí nos ayuda con la realidad: de Misha Glenny a Roberto Bolaño

Uno acude muchas veces a la literatura buscando desconectarse de la realidad cotidiana, de los problemas, de los fantasmas. Lo que encuentra uno ahí es ese otro mundo donde, por más cosas que uno pueda llegar a vivir ahí, está a salvo. “Tal es la magia de los relatos –dice Paul Auster-: pueden transportarnos a las profundidades del infierno pero en realidad son inofensivos”. Eso no quiere decir que no nos diga algo de la realidad. Son también lo que no tenemos, diría MVLL, las carencias de la realidad.

Detrás ese cuento antes de dormir que muchos realizan, por ejemplo, puede que haya una idea de tratar de cumplir todo lo que no se ha podido cumplir en un día, de desconectarse con todo lo que se ha hecho, de calentar los motores que hacen funcionar a los sueños cuando uno duerme. La literatura como cura, salvación o desconexión. En la literatura, por más que para algunos sea cotidiana o no, encontramos un ambiente más, el cual está reservado para esos momentos en que se hace necesario.

El hecho:

Había retomado la lectura de El Crimen sin Fronteras de Misha Glenny, periodista de la BBC, donde desmenuza el mundo de las mafias a nivel internacional. En el libro cuenta cómo las mafias terminan posicionándose en los espacios sin ocupar por las políticas de los Estados y cómo son también el resultado de una serie de relaciones políticas, culturales y económicas. Al final, con el tiempo, se han convertido en el elemento clave que hace funcionar las dinámicas económicas de los países.

Entre muchos casos concretos, M. Glenny cuenta la historia de Ludmila Balbinova de Moldava. En las vacaciones del verano del año 2002, Ludmila viajaría por primera vez al extranjero, al Israel de playas soleadas. Una amiga que se encontraba en ese país le había realizado todos los trámites de manera rápida, cosa extraña para la burocracia que existía entre ambos países. Lo que no sabía Ludmila era que ese favor era en realidad la cuota de liberación de su amiga que había sido secuestrada por un grupo de la mafia rusa en Israel dedicado a la trata de personas. Si una quería salir tenía que conseguir dos o tres mujeres más. Ludmila era una de ellas. Una vez hecha la primera parte del viaje su amiga la embarcó, junto con 10 mujeres más, en un tren rumbo a Moscú donde al llegar y ser encerrada en una habitación supo que no tendría vacaciones. En el aeropuerto de Domodedovo perdió su última oportunidad. Un guardia en el control de pasaportes captó la situación. Le preguntó si realmente sabía a dónde se dirigía. La respiración de los matones que la rodeaban la abrazó y dijo que sí. “Fue como oír el portazo de la entrada de la cárcel a su espalda”. En El Cairo estuvieron tres días. Cuando las entregaron a traficantes beduinos una de ellas intentó escapar. Le dispararon en las rodillas y la dejaron morir en medio de la nada. Una patrulla apareció, pero antes que llegara ya las habían hecho trepar a una camioneta a punta de balazos en el suelo. “Cuando llegó a Tel Aviv, Ludmila había pasado por las manos de moldavos, ucranianos, rusos, egipcios, beduinos, judíos rusos e israelís indígenas. (…) Pero su pesadilla no había hecho más que empezar”. Vivía encerrada de seis de la mañana hasta las cinco y media de la tarde. En las noches trabajaba 12 horas, atendía a veces hasta veinte clientes. “Se trata de un eufemismo: Ludmila era violada veinte veces cada noche”.

Ludmila intentó escapar dos veces. La primera vez un sargento de guardia, cliente del burdel donde la hacían trabajar, la delató. En la segunda, de la comisaría la llevaron al centro de detención por ser ilegal. En Israel como en muchos países no es el cliente sino la víctima a quien se considera delincuente.

Así de fuerte. Una historia dura con personas duras en los dos lados de la mesa, no solamente los mafiosos, sino también las personas que consumen esos servicios. Un sistema validado no solo por la oferta sino también por la demanda.

"Manadas de hombres de distintas razas, edades, y clases sociales entraban y salían de los prostíbulos. Sus rostros indicaban que habían aplacado cualquier remordimiento que pudieran haber sentido jamás acerca de la contratación de estos servicios”.

En fín, no era lo más propicio para leer antes de dormir.

Ante impotencias como las que generan estas historias no queda mucho más para eliminarlas que tocar otras cuerdas sensibles de uno. Cogí un libro de Bolaño, una compilación de sus cuentos. Me tocaba la segunda parte, Putas Asesinas. Siendo un título tan explicito para ese momento no pensé en una relación directa con la historia de Ludmila que acababa de leer. De repente mis ojos lo vieron, mi mente lo leyó, pero no necesariamente yo lo capté. Ese inconsciente perverso de uno decidió por el territorio ya conocido. Leí El Ojo Silva.

Ahora que releí el cuento para escribir esto me percaté de la advertencia que había ya desde el inicio: “el Ojo siempre intentó escapar de la violencia aun a riesgo de ser considerado un cobarde, pero de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar”. El Ojo Silva, Mauricio Silva, un chileno en México perteneciente al círculo de exiliados del Chile de Allende. Es homosexual y es fotógrafo. Antes de irse a Francia a trabajar para una agencia de fotógrafos de París le confiesa alguna de estas cosas a X, el narrador de la historia. Los años pasan pero X siempre conserva en su memoria la imagen del Ojo de una manera particular: “una forma de acercarse, de estar, una forma de opinar desde cierta distancia y desde cierta tristeza nada enfática”. Viaja a Paris, lo busca sin mayores esfuerzos y no lo encuentra. Años después es el Ojo quien lo encuentra a X en Berlín. Ambos conversan y el Ojo tiene algo que contar.

Años atrás el Ojo tuvo que realizar un trabajo fotográfico para un escritor francés sin nombre. El que no se mencione su nombre y el que se trate de un escritor que trabaja en un libro sobre las distintas zonas rojas en varios países, me llevó a pensar en Misha Glenny que, contrario a la historia, es inglés. El nombre de la ciudad tampoco se menciona, lo que le permite a uno situarse en la ciudad que desee. Saliendo de la lectura anterior de Glenny, y topándome con descripciones similares, inevitablemente me situé otra vez en el ambiente que había descrito de Tel Aviv. Estaba yo, como lector, ahí otra vez. El Ojo tuvo que recorrer los lugares mencionados en el trabajo del escritor. Fotografías de burdeles para ilustrar la obra. Él iba, sonreía, tomaba fotos. Cuando sus guías se dan cuenta que no le para bola a las mujeres lo llevan a un prostíbulo de homosexuales. Nada tampoco. Creyeron que el Ojo era más friki y lo llevaron a otro establecimiento con un altar o un oratorio. Ahí solo hay niños. Niños pobres. Niños que se ofrecen a una divinidad cuyo nombre también queda en el olvido. “Trato de olvidar, dijo”. A los niños los castran antes de hacerlos parte de un ritual que consiste en gran cantidad de obsequios y comida. Después del ritual son devueltos a sus comunidades que los rechazan por la vergüenza. La prostitución es uno de los pocos caminos que les ponen por delante. “Escuchó las explicaciones del médico o del barbero o del sacerdote, unas explicaciones prolijas en las que se mencionaba la tradición, las fiestas populares, el privilegio, la comunión, la embriaguez y la santidad”. M. Glenny en su reportaje ya había adelantado una explicación más certera: “la codicia material que apuntala la globalización, según la cual el dinero puede satisfacer todos los caprichos y deseos”. Ese es el nombre de la divinidad. El Ojo dice: “en mi interior lo único que hacía era maquinar. No un plan, no una forma vaga de justicia, sino una voluntad”. Al final termina huyendo con dos niños que iban a ser castrados. En un pueblo alejado los cuida, los educa, los protege. El final del cuento no es importante en este caso. Salvo decir que cuando el Ojo termina de contarle todo esto a X, llora, llora sin parar.

El cuento de Bolaño, con la falta de referencias de ciertos lugares que hace crucial esta relación, me llevó a posicionarme en la misma lectura anterior, la de M. Glenny de la cual huía. Lla historia era la misma por que el ambiente era el mismo, por que las personas pasaban por lo mismo, porque tenían los mismos fantasmas encima. Lo que era distinto era un hecho: el hecho de que el Ojo Silva, un personaje de ficción, entraba y rescataba a dos niños del ambiente real en el que Ludmila Balbinova había vivido también, y del que M. Glenny, como periodista, solo podía rescatar la historia y contarla.

Lo que te permite la ficción en este caso, con la literatura y la ficción simbolizadas en el Ojo, es actuar sobre la realidad. No necesariamente en el acto real concreto pero sí en el formato de las historias. Te permite actuar sobre ella, “transformarla” como diría MVLL, transformar la realidad para embellecerla o empeorarla. “No se escriben novelas (ficción) para contar la vida sino para transformarla, añadiéndole algo”. Lo que se añade: la voluntad del Ojo. La cura, la salvación.

El hecho termina siendo un hecho borgiano: el cruce de dos historias en las que primero uno conoce una realidad atroz que lo hace a uno huir a la literatura. Pero no, no lo borra, la literatura termina creando un personaje (el Ojo) que se introduce en esa realidad actuando directamente sobre ella al punto que rescata dos niños de la atrocidad.

La metáfora es que el Ojo Silva es la literatura que nos salva nosotros (y a Ludmila) que somos esos dos niños que forman parte de una realidad en crisis. La voluntad del Ojo es el deber que le concedemos a la literatura: salvar, salvarnos. Ante una impotencia en la realidad de no poder poner nuestras manos sobre la realidad palpable para cambiarla, la literatura, quizá no logra hacer lo que haría el contacto palpable con esta, pero sí nos hace creer en otras posibilidades para lo común. M. Glenny nos involucra, Bolaño nos salva. Con la veracidad del periodismo se puede contar cosas, pero en la verosimilitud de la ficción todavía queda la esperanza de la salvación, de un rescate, de que alguien nos venga a ayudar. Eso es pues la literatura.

El encontrar la salvación en un texto de ficción y no en un reportaje periodístico es algo que nos debe hacer pensar.

Como dice Bolaño al inicio del cuento: “El caso del Ojo es paradigmático y ejemplar y tal vez no sea ocioso volver a recordarlo”. No se equivoca. En la relación entre estos textos hay algo -“una forma de opinar desde cierta distancia y desde cierta tristeza nada enfática”- que nos dice mucho acerca de la realidad y la ficción.

sábado, 22 de enero de 2011

Un Duro Despertar: algo se pudre en Lima

Un Duro Despertar (Hormigas editores, 2008) es, en principio, una imagen de Lima. Después es una novela negra. La Lima es la de los restos de una sociedad tras la dictadura fuijimontesinista: un Estado carcomido por la corrupción y una ciudadanía infectada con la cultura chicha. Todos están a la venta de manera implícita. También Fabio, un tipo al que el trabajo le estorba y hace taxi en el carro de su padre. Su rutina se rompe cuando, por dinero para pagar un cupo como taxista a los policías de la zona, decide tomar la misión de buscar a Zoe, la asesina y ex pareja del hijo de quien le paga el trabajo. Así pasan a ser las piezas de juego del padre de Zoe y el comandante Barrios que se muerden uno al otro por ascender a la dirección antinarcóticos de la policía. También se convierten en los personajes del gran reality show de la prensa chicha, donde los comandantes publicitan sus acciones para ser conocidos. Y también son el desenlace de una serie de relaciones ocultas establecidas por la venganza, el dinero, el deseo y la perversión de una sociedad que, como señala el mismo Aldo Pancorbo en una entrevista, busca “hacer de esta autodestrucción algo llamativo”. Algo se pudre en Lima.

Con una narración sin presunciones, propia del realismo sucio, Pancorbo construye un ambiente limeño preciso en el tiempo: el de los grifos Mobil, el de las primeras canciones de reggaetón que incomodan en un inicio a los salseros, el de All that things she said de Tatoo y las antiguas pathfinder de la policía. En los espacios también: las escenas transcurren en chifas, combis, discotecas, callejones, fiestas y otros escenarios creados con cada elemento casi surrealista que suele caracterizarlos (flores de plastico, stickers de combi, puertas sin manijas, colores y aromas). Pancorbo peca sí en un exceso de citas de canciones que si bien ayudan a terminar de construir una atmosfera que tal vez la parquedad narrativa del realismo sucio dificulta, llega, repito, a ser excesiva.

La estructura del thriller es respetada en todo momento. Las palabras, por más que siempre tengan una revelación o una intención de los personajes detrás, siempre guardan algo. Pero esa estructuración juega una mala pasada, sobre en todo en Zoe, que termina encasillada en un prototipo bastante notorio de la clásica femme fatale de las novelas negras americanas que no la deja llegar a acriollarse como los demás personajes.

Un Duro Despertar, a pesar de que cuenta una historia que hasta hoy la podríamos leer en la primera plana de varios diarios, sube la cotidianidad sucia y perversa de Lima al nivel de la literatura, haciendo así de lo perverso un buen momento.

No hay frases que subrayar. En ese caso, el libro de Pancorbo es una frase sin presunciones, clara, intensa y que nos dice algo también de la lucha entre el deseo y el temor.

miércoles, 19 de enero de 2011

Death Metal: "imágenes de una agonía prolongada"

En toda generación existen los que toman caminos trazados y los que trazan los suyos o por lo menos lo intentan. Estos, los que se construyen realmente (sean lo que sean), construyen sus personalidades con sus propios cimientos: discos de música, lecturas, manías familiares, recuerdos imborrables, búsquedas particulares... Lo que resulta de esto, en Death Metal (Estruendomudo 2010) es algo oscuro y denso; al principio extraño, pero al final normal, comprensible y real: personas absorbidas por sus propios dormitorios, mutiladas por sus pasiones, que buscan ser grandes con pequeños atracos, que buscan conexiones mágicas a través del Necronomicón de Lovecraft o la sangre de mono, que esperan su muerte en la barra de un bar o, también, que terminan contruyendo sin saber un camino igual al que tenían trazado.

Hay otros que tratan de juntar las pieza, de saber cómo se dio la tortura generacional, de saber cómo se hizo pedazos la cabeza direccional que es una sociedad en conjunto o "una trama oscura de la que todos somos partes".

Ellos, los personajes de Bisama (Chile 1975), son "las imágenes de una agonía prolongada" de los niveles profundos y oscuros desde Valparaíso a Santiago. Personajes separados por los puntos finales de los relatos, pero que se cruzan continuamente, en frases cortas, claras y concisas que cogen una alta velocidad, en las calles de una ciudad enferma que se llama Death Metal, una ciudad en la que viven tantos. Y que, queramos o no, creamos o no, todos pisamos de vez en cuando.

Algunas cosas: "...la ciudad está viva: respira como un animal de muchas cabezas y garras y corazones y pulmones y pelos. la ciudad es un reptil enfermo que me transmite las imágenes de su agonía prolongada. y lo que yo hago es vudú para sanarla".

"...le pedía que le hiciera el amor para poner su mente en otra cosa, como si el deseo fuera (...) una mano que la sostenía en la oscuridad de la habitación y la garraba fuerte para que no fuera a salir corriendo rumbo a ninguna parte. (...) El amor y el deseo son formas de la mutilación, a veces".

"...la senda más honesta o terrible de todas: el camino de la piel".

"...me pidió que le dajara a solas con los segundos que le quedaban. Era lo único que tenía. La arena negra de los segundos".

"el futuro y el pasado son viscosos, imágenes de horror, los pedazos de una canción que se desarma".

"Me tatué una legión de demonios. Me tatué detalladamente el mapa que tendrá la tierra una vez que todo se acabe, de que todo se
vaya a negro, de que el cielo se convierta en electricidad y granizo negro".

miércoles, 4 de agosto de 2010

El Fondo del Cielo

La historia. Dos niños judíos, Isaac Goldman y Ezra Leventhal, amantes de la ciencia ficción de una manera particular, personal, superior. Y una “niña rara”, Ella, de la que se enamoran. Todo dentro de un marco no sólo histórico (posiblemente los años 50’s en NY según Edmundo Paz Soldán) sino también espacial-temporal. Y en medio de todo, el constante fin del mundo que no es uno, sino la sucesión y el desencadenamiento de uno tras otro.

La forma. Rodrigo Fresán usa un método que ya había usado en novelas como Mantra: un collage de escenas y tiempos. Una por acá, otra por allá. Lo de después antes, lo de antes ahora, lo de ahora como un después. Tres partes que tienen como núcleo El Incidente (el reencuentro de Isaac Goldman y Ezra Leventhal en el lugar y momento justo de…). Las digresiones -que siempre ha señalado que permiten ver el making off del texto- permiten conocer el porqué de cada tema, de cada corte. La lógica de los mundos de Fresán está siempre ahí, entre la historia y el porqué de esa historia con un lenguaje sencillo que logra explicar cuestiones complejas y hacer creíbles situaciones inverosímiles.

No es mi primera lectura de Fresán, pero sí la primera vez que escribo acerca de ella. La dificultad es que los otros libros se aproximan siempre a las 500 páginas y entonces el viaje es más largo y lo que se quiere decir es tanto, así que mejor no decir nada. El Fondo del Cielo es su entrega más breve. Pero sólo la entrega. En un inicio fue una frase, luego unas 500 páginas otra vez y, finalmente, las 272 entregadas. La historia fue, pudo ser y es la siguiente: “mujer arrasa como tsunami a tres hombres / love story / TRISTEZA!!!”. “Parece tan pequeña por fuera pero una vez que se está adentro…”.

La Ciencia Ficción es el tema central. Una ciencia ficción que no se interesa en el futuro, sino en el pasado. Porque todo lo pasado es también ciencia ficción. “Lo que sucedió es algo tan fantástico como lo que sucederá”. RF aclara después, tras la historia, en sus ya fresanianos agradecimientos y aclaraciones, que El Fondo del Cielo no es una novela de sino con Ciencia Ficción. Es discutible si hablamos específicamente de la historia de El Fondo del Cielo. Pero la ciencia ficción como el mundo de “lo que pudo haber pasado, lo que no pasó y lo que ocurre cuando no se sabe si algo ocurrió alguna vez” como sintetiza Vila-Matas acerca de La Velocidad de las Cosas, es el terreno dominado y conquistado de RF. “La realidad de un mundo irreal coexistiendo con el nuestro”. Compartir en cierta medida esa inquietud existencial –no solo política y social- por “una realidad que no fue” es la clave, la llave que abre todas las infinitas puertas a “la posibilidad cierta de que todo sea cierto”. De ahí la infancia como la posibilidad total de todo siempre como personaje elemental o, por lo menos, central en los mundos de Fresán (para más información leer Jardines de Kingston).

El Fondo del Cielo es también y sobre todo una historia de amor. “Me pregunto si existirá algo más sci-fi que la súbita irrupción del virus del amor en el hospital de la juventud”. Y es que el amor lo altera todo. Tiempo y espacio. Pero el amor de este mundo que en la novela va constantemente llegando a su fin, es un amor con mucha, demasiada soledad. Porque el amor de Isaac Goldman y Ezra Leventhal por Ella y viceversa, es una posibilidad anulada por la misión que tienen asignada ellos (Ella más que todo) en este mundo. Entonces pensamos en eso de que “el amor rara vez sobrevive los largos viajes a otros sistemas planetarios o a dimensiones alternativas”. Y entonces qué ¿viajar o no viajar? En la novela, gracias al mayor bagaje de posibilidades, el amor termina sobreviviendo a pesar de todo, pero –no quedaba otra- sin llegar a ser.

Pienso en la imagen de un hombre –que sea un niño para no perder el contexto- mirando al cielo. Un niño sentado mirando el cielo por largo rato. Y entonces me pregunto qué es lo que puede estar pensando ese niño, qué es lo que uno estaría pensando mientras mira el cielo, el fondo del cielo, por largo rato. Y estoy casi seguro que piensa, recuerda o imagina algo relacionado con él. No en ese otro posible mundo-planeta que, quién sabe, puede estar tras el manto celeste, sino en ese planeta que es él mismo detrás del manto gris de sus parpados. (Creo que la idea está igual de explicita en alguna parte del libro y, sino, sutilmente en toda. Basta la portada tal vez.)

Algo así es lo que ocurre al fin y al cabo. El Fondo del Cielo es una historia de distancias enormes, distancias de planeta a planeta, pero con la misma intensidad es también la historia de las distancias más finas y pequeñas de uno, la distancia que separa el mundo que es cada uno del planeta en donde vivimos anulados como posibles mundos reales. El fondo del cielo es, también, el fondo de uno.

Y del mundo de hoy. Porque el humor negro e irónico es duro. Más duro aún cuando uno se da cuenta que -¡la puta madre!- tanta ficción de un mundo llegando a su fin constantemente y cada vez más cerca de la meta, no es más que la descripción de nuestro mundo (la fidelidad es mayor de la que pueden estar imaginando) desde la visión de un ser que ve las cosas de otra manera y que, justamente por eso, es que las ve tal como son.

Algunas cosas:

“la Historia de lo que fue –toda teoría novela o ensayo histórico- es también una novela de ciencia-ficción.
Lo que sucedió es algo tan fantástico como lo que sucederá.
El pasado nunca deja de moverse aunque parezca algo inmóvil”.

“La memoria es un astronauta que trabaja duro para establecer relaciones duraderas entre las estrellas, muchas de ellas muertas”.

“…el sonido de los recuerdos es exactamente igual al que hace el aire huyendo por un minúsculo orificio”.

“De los presagios es de donde surgen los hechos”.

“La memoria es una máquina del tiempo en reversa tan potente como lo es –siempre hacia adelante, o en múltiples direcciones alternativas- esa otra máquina del tiempo que es la imaginación”. (También en La Velocidad de las Cosas)
“Es fácil para otros (…) escribir, y hasta escribir muy bien, sobre las altas y bajas mareas del amor. Mucho más difícil de precisar son las variaciones en ese aparentemente estable lago que es la amistad y en cuyo centro, de tanto en tanto, estallan tormentas circulares y secretas por el solo placer de, enseguida, ser borradas por un inesperado cielo azul”.

“…la idea de que sólo exista un futuro se les hace insuficiente, insoportable. Así, el futuro como la Navidad y el cumpleaños. El futuro como el porvenir de una fiesta de posibilidades, de dones y regalos y deseos. Pero una fiesta donde, antes de ser admitido, hay que saber descifrar la invitación”.

“Ver a alguien a quien no vemos desde hace años equivale a ver el tiempo”.

“Toda perfección es igual, idéntica, sin sorpresas. En cambio hay tantas maneras divertidas y diferentes y tan interesantes de cometer errores…”

“No hay nada más instantáneamente supersticioso que un soldado en combate”.
“Se oyó un sonido un sonido como el que hace un libro que se cierra con fuerza, como el de una bofetada en el rostro de la humanidad”.

lunes, 26 de julio de 2010

La (H)historia de lo que hubo ayer

El nombre de Luis Alberto Sánchez siempre lo escuché pronunciado con un tono solemne e imponedor por mi padre. Un nombre con un sonido que yo no pude escuchar porque simplemente no existía. Ese sonido es el del Perú del siglo XX. Que su segunda mitad fue un Perú de golpe de estados y toques de queda, de fiebre de revolución y liberación, de cafés y bares como trincheras de ideas políticas y revolucionarias, de la influencia del amor libre, de los primeros televisores y los primeros partidos internacionales de futboll. Un Perú de Prados, Hayas, Belaundes, Velascos y demás personajes. Pero para LAS el personaje no es sólo uno, lo es todo. Los Revoltosos (1984), la tercera entrega de una serie que atraviesa todo el siglo XX, no es la historia de alguien, es la historia de algo. Es la historia de la Historia.

El personaje es la atmosfera política y cultural de una sociedad que es apabullada entre la inevitable corriente occidental y el socialismo revolucionario que ya empieza a sorprender en una Cuba que pasa a manos de Fidel. Una ciudad que es el campo de batalla de los políticos y los militares. Una ciudad que "era una contradicción, un diñalogo interrupto entre los campos conganas de urbanizarse y la ciudad obligada a ruralizarse" debido al fenómeno migratorio. Periodos que Raúl Palacios Rodríguez denomina "El reformismo civil moderado" (1956-1968) y "El reformismo militar radical" (1968-1980).

Así como John Dos Passos en Manhattan Transfer y Onetti en Tierra de Nadie, LAS entiende que cuando se trata de contar la historia de un todo, de una atmosfera, de un contexto, la mejor forma es la técnica del collage. No se trata de escoger un color en particular sino hacer girar la paleta y crear un blanco total. Tratandose de Lima es un gris logrado desde los bares y cafés del centro, la habitación de uno y otro presidente en Palacio, los comedores familiares a la hora del lonche, los callejones, calles, jirones, avenidas de la ciudad; las redacciones de los diarios, la Universidad y la Casona de San Marcos, los cuarteles militares, las manifestaciones.

Los Revoltosos es una de esas clases de seminarios de historia dictadas por un profesor que no dicta clase, sino que cuenta, narra, la historia. Uno de esos profesores que se ponen la máscara de la historia y modulan la voz en cada hecho en particular. Que hacen que uno se ría e indigne de verdad porque logra entender que somos producto de aquello que suena a una gran novela pero que es Historia. Solemne e imponedora.

Si Salazar Bondy creía que una ciudad es siempre una utopía porque es, en principio, un destino, LAS nos cuenta cómo es que esta utopía se perdió en el camino y por qué somos una sociedad que siente la ausencia de algo.

"La ausencia de alguien es como una amputación. Resulta un hogar mutilado sin ortopedia posible. Da ganas de gritar, clamando el nombre del que falta. La silla que ocupó stá allí como una acusación. El lecho en que descansó para siempre adquiere un sabor denunciatorio. El aire se aquieta con un aletear de eternidad. Todo queda lo mismo y sin embargo no se parece ya a lo que hubo ayer".

viernes, 23 de julio de 2010

La decisión de los santos y los locos

Leí El Hablador para un curso acerca de la teoría política y literaria de VGLL. El análisis fue en la busqueda de las ideas culturales y políticas de VGLL en la novela. El libro es un ir y venir entre la cultura urbana occidental insertada en la capital limeña y el mundo de los indios machiguengas en armonía con la naturaleza de la selva.
Entre ambos mundos: un hombre, amigo, hablador, santo o loco.
La frase citada en la contratapa debería ser:

"Ese género de decisión, la de los santos y los locos, no se publicita. Se va forjando poco a poco, en los repliegues del espíritu, al sesgo de la propia razón y al resguardo de miradas indiscretas, sin someterla a la aprobración de los otros -que jamás la concederían- hasta que se pone en práctica".

sábado, 19 de junio de 2010

Saramago, esa cosa

Lamentablemente le di la notica a muchos ayer. Pensé que con todo eso de las técnologías la gente se había enterado antes que yo. Pero pude ver cómo cambiaban los rostros de la gente. Todos iguales: ojos abiertos, corazón partido y, tras un momento de rápida reflexión, tranquilidad, solidaridad.
En honor a Saramago me ahorro lo de las fechas.

Dos unidas de Saramago.

"La historia no es selectiva, también es discriminatoria, toma de la vida lo que inteesa como material socialmente aceptado como histórico y desprecia el resto, precisamente donde tal vez se podría encontrar la verdadera explicación de los hechos, de las cosas, de la puta realidad". "Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos".

La primera es de El Viaje del Elefante.
La segunda es de Ensayo sobre la ceguera.

jueves, 20 de mayo de 2010

Encuentros en la gran ciudad

After Burn (traducido con mal gusto como El Peso del Pasado). Confirmado. El lugar de Colin Harrison es Nueva York. O por lo menos mi Nueva York es el de Colin Harrison.

He tenido que corregirme. Pensaba -era la idea que me quedaba de Nocturno en Manhattan- que el escenario predilecto de las historias de CH eran esa otra cara de la gran moneda que es NY: los suburbios, los criminales, la necesidad, lo empequeñecido por la inmensidad de una ciudad como esa. Pero no. Personajes como Caroline Crowley y Porter Wren de Nocturno... o Charlie Ravich de Afterburn, todos estos personajes principales, no están de ese lado.

Supongo que una buena imagen que represente lo que es la vida puede ser una moneda dando giros en el aire. Entonces, en alguno de esos giros empieza a suceder lo que sucede en los thrillers de CH. La moneda da la esperanza de la victoria a unos, y la eminencia de la derrota a otros.

En Manhattan hay quienes son capturados y quienes escapan, quienes sobreviven y quienes son liberados. Hay quienes buscan y quienes huyen. Hay, también, los que hacen más de una cosa a la vez. Quiénes se encuentran en qué situación depende de la moneda, de la fuerza con la que una ciudad como NY pueda lanzar al aire la vida de sus habitantes. Pero en los thrillers de CH, dentro de este abánico de destinos, predomina siempre una acción: hay quienes se cruzan y se encuentran.

Entonces, no es el dark side el escenario, es todo. Es la relación a veces azarosa, a veces necesaria, casi siempre crucial y sutilmente cotidiana, entre las esferas opuestas de una sociedad, entre las caras opuestas de una moneda.

E igual de azarosa, crucial y cotidiana es la trama de la historia y sus escenas crudas, violentas, tristes. Aftern Burn es una tira de negativos que se revela a través de uno. Gestos, cicatrices, sudor. Torturas, sexo, preocupaciones. Parejas, amantes, hijos, madres. Asesinos, ejecutivos, culturistas, prostitutas. Fuertes, inteligentes, viejos, millonarios. Vida y muerte. Imágenes que pasan una tras otra a la velocidad de una respiración agitada, de un corazón con miedo al azar, de una moneda que siempre está por caer.

Algunas cosas:

"Aunque esos hombres eran dinero, el dinero no era ellos; el dinero adopta cualquier forma, color o política, podía ser fuego, piedra o sueño, podía reunir ejércitos y unir átomos, e, indiferente a los sufrimientos del alma mortal, podía marcharse o llegar en cualquier momento".

"No hacer nada era un tipo de acción, no hacer nada era optar por hacer lo que ya tenías intención de hacer, atenerte al plan original".

"Follaba con mucho entusiasmo intentando superar algo, lo cual, como descubrían todos los hombres, nunca se conseguía".

"Ocho millones de dólares eran un gran secreto, más grande que una amante, pero más pequeño que una enfermedad".

"Apartó a un brujo de las finanzas con un cigarro como un leño en la boca: aquello parecía una especie de polla negra clavada en la boca del tipo, y significaba que estaba tan forrado que podía meterse un polla negra en la boca y seguir siendo un hombre... lo cual era la lógica secreta de los cigarros, desde luego".

"Silencio: el gran sonido del matrimonio".

"Bajo la ventana, un hombre descamisado recogía una colilla del suelo con la exactitud de un joyero cogiendo con pinzas un diamante".

"Yo creo que hay cuatro países (...) Naces en un sitio y en una fecha concretos, y luego, está el lugar en el que tú crees que vives, el lugar donde vives realmente y el lugar futuro, el lugar que siempre estamos imaginando más o menos".

lunes, 8 de marzo de 2010

Tomar en cuenta a "Miller"

Hace unos años intenté leer a Henry Miller arrastrado por el inagotable personaje de Bryce Echenique, Martín Romaña. Ejemplo: "Decidí que la muchacha que estaba en la mesa de al lado con sus padres era lo que yo necesitaba, y empecé a actuar con un desparpajo cuyo centro motor me estaba funcionando indudablemente en el pene. La muchacha sonrió como si también hubiese leído a Miller...". Así, al tiempo, conseguí Trópico de Capricornio. Esperó largo tiempo porque la novela de Bryce me tomó largo tiempo y gozo terminarla. Llegado su momento no pasé de las primeras 50 páginas, recuerdo. HM tenía una extraña manía de ejemplificar todo hasta el infiníto que, impresa por la editorial Oveja Negra, sehacía aún más larga y tediosa en esas miles de letras apretadas por página. Parecen un montón de hormigas tratando de decir algo.

Este verano fuí en busca de ese "cague de risa" que todo el mundo me refería de la novela de Bryce y que yo nunca lo había notado. Me embobaba con el M. Romaña aplicando técnicas amorosas a Inés de unos tales Freud, Miller, Bécquer. Me cagué de la risa esta vez. Pero lo que no cambió fue ese cosquilleo de la palabra "Miller" una y otra vez. Así, ahí mismo, antes de que me embobara otra vez, reabrí Trópico de Capricornio.

"Miller"
He terminado de leerla ahora. Podría decir "por fin" por dos razones. Porque así termino de leer también La Vida Exagerada... en cierta medida, y porque Trópico... es un largo, por momentos tedioso, recorrido por las venas picadas de los E.E.U.U. de su generación.

Mitad autobiografía, mitad novela, es una historia configurada por cientos de historias que hasta podrían ser independientes (familiares, amigos, no muchas amigas, más putas o "gachís", trabajadores, vagabundos, etc). No hay exactamente una línea argumental, una columna vertebral, no es una historia lineal, cronológica. Se sostiene, masbien, en una plataforma, en un contexto social marginal que la engloba a la vez. Ahí, Miller lo mira y toca todo, lo goza y sufre todo. Es un "gorila que nota que le crecen las alas, un gorila aturdido en el centro de un vacio parecido a la nada".

Y mira y toca todo de dos maneras. Una narración directa, clara en la que te habla y cuenta, y una lluvia de metáforas en la que lo deja a uno, se va sin dejar de pensar. Hay imágenes que difícilmente olvide, como en las que Miller cuenta cómo se percata que hace unos meses E.E.U.U. había estado en guerra, o cómo se ve atraido por su profersora de piano cuando era niño, o cómo tiene sexo con una mujer sin que esté despierta del todo. Pero sus metáforas agotan por momentos creando una especie de vacios, como cuando uno viaja por tierra mirando el paisaje y de pronto solo ve el muro de montaña al lado del camino. Y debe ser porque de dadaísta o surrealista no tengo nada, por que es en ellos en quienes ve los que lo podrían haber entendido. Bretón en algún poema escribió: "La oscuridad de nuestras palabras es constante y la adivinación queda entre las manos de los niños". Sí, ellos lo hubieran entendido, supongo.

Para HM "el significado de un libro radica en que el propio libro desaparezca de la vista, en que se lo mastique vivo, se lo digiera e incorpore al organismo como carne y sangre que, a su vez, crean nuevo espíritu y dan nueva forma al mundo". Es decir, no decir "por fin" al terminar de leerlo.

En mis manos no desapareció por momentos. No dió nueva forma a mi mundo, en parte porque no concuerdo con muchas de sus ideas en esta novela. Pero debo decir que sí lo incorporé un poco en mi organismo,porque, a pesar de no cohincidir, ahí están tantas frases subrayadas tomandolo en cuenta, escuchandolo, asintiendo con la cabeza.

Algunas cosas:

"Tienes que verte borrado del mapa como ser humano para renacer como indviduo".

"Aunque la gente hable de muerte (...) en la muerte sigue algo vivo, expropiando el espacio, causando el tiempo, creando un movimiento infinito".

"Mientras vives, mientras la sangre está todavía caliente, tienes que fingir que no existen cosas como la sangre y el esqueleto por debajo de la envoltura de la carne. ¡Prohibido pisar el cesped! ese es el lema de acuerdo con el cual vive la gente".

"No queremos morir, eso es lo malo que tenemos. Eso es lo que da sentido a Dios y a la olla de grillos de nuestra azotea".

"Todo podría perfectamente no existir y no solo no se habría perdido nada, sino que se habría ganado todo un universo".

"El pensamiento que no te lleva a ningún sitio te conduce a todas partes".

"El vacío es una plenitud discordante, un mundo atestado de fantasmas en que el alma hace un reconocimiento".

"Dios es la suma de todos los espermatozoides que han alcanzado la conciencia plena".

"Lo nuevo es, de un día para otro, una polilla que devora la trama de la vida, dejando al final solo un gran agujero".

"Es deprimente y estimulante al mismo tiempo. Eres un hombre marcado... y nadie aprieta el gatillo".

sábado, 23 de enero de 2010

Cuatro cosas de Philip K. Dick

(Este post es de Diciembre del 09. Lo saqué por alguna razón. Vuelve.)
Acabo de terminar de leer mi primer libro de Philip K. Dick y me remitiré solo a dejar algunas cosas que he subrayado. Creo que a Dick hay que conocerlo personalmente a través de sus obras y luego, recién, uno podrá poner los pies en su mundo.

Hay otros dos aspectos que me impiden escribir un texto.
Una falta de costumbre mía de leer ciencia ficción, por más que El Hombre en el Castillo sea de la variante ucrónica (subgénero de la ciencia ficción que también podría denominarse novela histórica alternativa, ya que se caracteriza porque la trama transcurre en un mundo desarrollado a partir de un punto en el pasado en el que algún acontecimiento sucedió de forma diferente a como lo ha hecho en realidad), como acabo de enterarme por la gran Wikipedia.
Y, segundo, la traducción hecha por un tal Manuel Figueroa en la edición de la editorial Minotauro deja mucho que desear.

Cuatro cosas:

"El mal no es un punto de vista. (...) El mal es un elemento consustanciado con el mundo. (...) Se derrama sobre nuestra cabeza, entra en nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro corazón, hasta en las piedras de la calle.
¿Por qué?
Somos topos ciegos, que se arrastran y se meten en el suelo, percibiendo el mundo con nuestros hocicos. No sabemos nada".

"La vida es corta pensó. El arte, o algo que no podía llamarse vida, era algo, y se extendía interminablemente, como un gusano de cemento".

"Si alguién encontraba su camino... había de veras un camino, aunque uno personalmente no lo alcanzara nunca".

"La verdad es tan terrible como la muerte, pero más dificil de encontrar".

miércoles, 6 de enero de 2010

Una revolución de tres pasos

"Esa adolescencia en que la política consiste exclusivamente en sentimientos, indignación moral, reberdía, idealismo, sueños, generosidad, mística".

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"Lo misteriosas e imprevisbles que son las ramificaciones de los acontecimientos, esa complejísima urdimbre de causas y efectos, reverberaciones y accidentes, que es la historia humana".

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"Cuando se persigue la pureza, en política, se llega a la irrealidad".

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Buena parte de toda la teoría de La Verdad de las Mentiras salpicada en lo novela.

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Historia de Mayta

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Los Cinco del 2009

Los cinco mejores libros que subrayé este año. De algunos escribí y de otros no.

Número 5.
Nocturno en Manhattan, Colin Harrison

Por la importancia de las buenas portadas y ediciones, por las novelas negras y los autores no reconocidos.

“Tener un secreto es aprender con disimulo los amaneramientos de la conversación común, el parloteo superficial que esconde brillantemente al que grita. Un secreto organiza la vida.”

Número 4. Nuevos súbditos: cinismo y perversión en la sociedad contemporánea, Juan Carlos Ubilluz

Por la amargura, el resentimiento y la fundamentación para estas.

"Nuestra época es perversa no porque haya más homosexuales, travestis y sadomasoquistas: esto sería definir la perversión como una desviación moral, y no en términos de estructura. Nuestra época es perversa porque el sujeto se relaciona ahora con una Ley superyoica que comanda el goce y que estigmatiza la falta de goce como una falta moral".

Número 3. El Pensamiento Salvaje, La Ciencia de lo Concreto, Claude Levi-Strauss

Por las desveladas, la incomprensión y la aclaración.

"(...) el equilibrio entre estructura y acontecimiento, necesidad y contingencia, interioridad y exterioridad, es un equilibrio precario, constantemente amenazado por las tradiciones que se ejercen en un sentido o en el otro, según las fluctuaciones de la moda, del estilo y de las condiciones sociales".

Número 2.
A Sangre Fría, Truman Capote.

Por las imágenes, por Dick y Perry, por el sudor de Capote.

"Hay, en el convencionalismo, una dosis considerable de hipocresía".

Número 1.
La Velocidad de las Cosas, Rodrigo Fesán.

Por todo lo compartido durante todo el año, por la Memoria de Humanidades, por hacerme ver la posibilidad cierta de que todo sea cierto.

"(...)una historia no es más que el fantasma de una vida . O viceversa. La literatura es una calle de doble mano. Y las vidas cuando mueren, si tienen suerte, se convierten en historias. Y algunas ficciones, con el correr de los años, pueden llegar a confundirse y extraviarse en las rutas de lo verídico. Se empieza de un lado o del otro. (...) Y hay un instante sublime en que ambas posibilidades se funden en una y es ahí cuando se intuye, apenas, la grandeza y el horror de la literatura. No hay que pensar demasiado en todo esto, claro. Puede resultar soberbio y, por lo tanto, peligroso. La verdadera función de escritor -su sola razón de ser, su sencilla manera de serle útil a la sociedad- es la paciente y placentera observación y el metículoso registro de semejante fenómeno. Espiar desde una curva del camino, escondido detrás de un cartel, cronómetro en mano, y determinar, sí, mi versión propia de lo que creo haber entendido se trata la velocidad de las cosas: el tiempo exacto que le lleva a una vida convertirse en historia y a una persona mutar en personaje. Seguirla y seguirlo en su viaje. Ponerla y ponerlo por escrito".

"Cuanto más claro uno ve el mundo, más obligado está a simular que este mundo no existe".

"Hablar de ciertas cosas equivale, a veces, a creer en ellasy basta con que varias personas crean en algo para que ese algo ocurra. Ésta siempre ha sido -creo, estoy seguro- una de las muchas venganzas de la ficción contra un planeta azotado por la dictadura de una realidad casi siempre poco imaginativa".

viernes, 4 de diciembre de 2009

Qué capote Capote

Es dificil dejar de imaginarse cosas al terminar de leer A Sangre Fría. Hay una necesidad que se crea de tener que ir más allá de las cosas, más allá del típico 'más allá' de toda buena obra. Lo curioso es que este 'más allá' es, en realidad, una profundización del mucho más acá. Me refiero a que, más que permitirnos escapar, Capote nos hace entrar con la misma intensidad -cuerpo y alma- a otra(s): la de la familia Clutter, la de Dick, la de Perry, la del detective Dewel, etc.

Más allá de los resultados de los examenes psicologicos y psicoanalíticos a los que se someten a los asesinos, el porqué de las muertes bien puede ser la historia en sí. Se puede llegar a pensar, con la sangre fría, que, caray, si una historia puede ser contada como la cuenta Capote, bien valen un buen par de muertes reales. Total, contradictoriamente, la pena de muerte deja de ser una medida de castigo tras el libro y pasa a ser, mas bien, un asesinato justificado por otro. Esa contrariedad es producto de la obejtividad que alcanza Capote en el libro. Es dificil pensar si la obra en sí llega a condenar a los asesinos o a crear la necesidad de, por lo menos en un acto simbólico, repensar el juicio que se le siguió a estos.

Por eso, ahora que lo pienso, no es que sea dificil dejar de 'imaginarse' cosas, sino que es dificil dejar simplemente de pensar en los personajes. Porque uno llega a entender, temer y querer a, sobre todo, esos asesinos jodidamente humanos.

Sí, pobre familia Clutter, cómo no, pero no son las únicas victimas. Acá todos son víctimas de otras víctimas y no solo son las balas las que hieren a las personas. Cuando el padre Goubeaux quiere hablar con Perry, éste le dice: "Curas y monjas han hecho ya todo lo que podían hacer por mí. Tengo todavía las cicatrices que lo prueban". Esos curas y monjas no son solo eso, son la imagen de una sociedad que aplasta, de una y mil maneras, a tipos como Dick y Perry. Una sociedad que ve a una mujer y piensa "siempre tiene prisa pero siempre tiene tiempo. Y ésta es la definición de una verdadera señora", que los ve morir y piensa "Igual que saltar de un trampolín. Solo que con una cuerda alrededor del cuello", que no permite dejar la cabeza vacía de todos los demás ruidos, quedarse quieto. Al final, lo que queda, como leyó alguna vez Perry, es "abrír camino a navajazos hasta un abismo de diamantes". "Solo con un cuchillo en la mano, él, Dick, tenía poder".

Dick y Perry son, a la larga, quizá en una comparación un poco inequivalente, la imagen del fantasma que se va formando en todos quellos que día a día se preguntan algo así como que qué carajo hacen dandole explicaciones a ese gordo que tienen como jefe, que porqué demonios tienen que perder una o dos horas diarias de sus vidas metidos en el tráfico, que quién mierda es esa flacucha inmensa de la publicidad que me dice cómo me tengo que vestir, etc, etc. Y, así, a la larga también, es como muchos nos terminamos preguntando porqué demonios no podemos caminar tranquilos por las calles.

Si bien los personajes del libro existieron, no basta con saberlo para creerlo. Capote hace que uno lo crea, que exitan. Que existan tanto en la obra como en su tiempo real, histórico, con esas ciento de descripciones como acercamientos de una cámara en primer plano, con esa atmosfera muy a lo No Country for Old Men "Inmediatamente encendió el motor y sacó el coche del promontorio dando marcha atrás. Frente a él, en la polvorienta carretera, vio un perro que trotaba bajo el cálido sol". Con ese esas múltiples voces, con ese narrador americano único que hay el mundo, narraciones que se leen como subtitulos bajo la pantalla, subtítulos amarillos "El comienzo había que buscarlo mucho tiempo atrás, once años atrás, en aquel otoño de 1948 cuando Wells tenía diecinueve años".

Pienso -por pensar, por seguir pensando- que puede que ninguno de los personajes o hechos hubiesen ocurrido en verdad si Capote no estaba, en la parte ya del camino que llaman 'después', pensando ponerlos por escrito de tal manera. La obra como razón de ser de la realidad y no al revés. Puede ser, porqué no. Voltear la torta. Total ¿no es como saltar de un trampolín?

Sí, es cierto, "hay, en el convencionalismo, una dosis considerable de hipocresía".

Algunas cosas:

"Aquellos ojos suyos, (...) translucidos como la cerceza a contraluz".

"Los objetos pequeñitos le pertenecen a uno del todo".

"El estado de ánimo del hombre que firma un seguro de vida es semajante al del que firma su testamento: por fuerza piensa en la muerte".

"Cuando llega el momento de asumir la responsabilidad de un hogar, de unos hijos, de un negocio, entonces se establece la diferencia entre niños y hombres".

"Cuando la señora Johnson corrió el cerrojo de la puerta, pensaba tanto en los vivos como en los muertos."

"Cariño y afecto goteaban de mi corazón como agua sucia".

"Todos lo crímenes podían considerarse como variantes del robo . Incluido el asesinato. Cuando mata a un hombre, le robas la vida".

"El alamacen estaba iluminado como una calabaza de Halloween. (...) Era como saludar a los invitados a su propio funeral".

Algunas cosas más:

Fotos tomadas de wesselcondor.com, jmvarese.com, kansas.com, capricestfini.com, hutchnews.com

martes, 24 de noviembre de 2009

Vivir a Donoso

Este Domingo está subrayado una, dos, tres veces, no más. Algo malo? No. Mas bien significa no poder detenerse a hacerlo y eso también es bueno. Porque no todo lo contundente está en frases breves y concretas, sino en largos recorridos que te llevan y llevan y llevan... A Donoso no se subraya, se vive.

Creo que decir que los personajes de Este Domingo, más que personajes, son niños y adultos, personas reales, una familia que encontró su hogar ahí, en las hojas de Donoso; es decir un poco de todo lo que tendría por decir.

No, no hay subrayados esta vez. Para más información leer el libro y, si subrayan, conectar acá.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Un país lejano


















"Quién pudiera ver el cuarto de una chica, tarde, a la hora de acostarse, cuando la única lámpara encendida alumbra junto a su cama. Sí, hasta el cuarto de una chica tiene paredes y ventanas, un suelo y un techo, muebles y una puerta. Esto es un hecho, no tiene vuelta de hoja. Pero por todo ello, parece un país lejano, completamente ajeno y distante, sus habitantes en absoluto parecidos a nosotros". (Amos Oz)

jueves, 29 de octubre de 2009

Tierra de nadie, de nadie

Las ventanas son el camino al mundo de uno; las puertas, al de los otros. En Tierra de Nadie de Onetti todos están ahí, tras las cortinas y cigarro en mano, buscando el suyo. Buenos Aires, el personaje principal, los obliga a eso. La ciudad se carcome dentro de ellos: "Días y noches, días y noches, todo grotesco y muerto, amontonado". Por eso todos piensan y se emborrachan, buscando la solución, un lugar fuera de esa ciudad, algo que no puede ser, algo que no pueden tener, porque nada es de nadie... y menos de ellos.

Algunas cosas:
"El ambiente del hombre es esto, la suciedad, los prejuicios, la moral de los gordos, la compra y venta, las frases bien redactadas".

"Mi mujer tiene dinero y no necesito trabajar. Primer elemento de arte".
"Buenos Aires está lleno de tipos así, individuos infinitamente más pequeños que aquello que se proponen hacer. Sí, y también están los otros, los que tienen la fuerza de hacer cualquier cosa y se pudren despacio, aburridos".

"Pienso que acaso se calumnie un poco al prejuicio y el tener prejuicios. No, en serio. A veces siento que uno, lleno de prejuicios, o con dos o tres, bien fuertes, brutos, inconmovibles..."

"En la muerte no había diferencia entre una niña resfriada y una mujer podrida".

"Si mira fijo por el caño, es posible que vea a Dios; mejor que el telescopio y el ombligo..."

Algo más:












Marie Laurenci

"¡Ah!, todas tuvimos una amiga en el colegio, una escena confusa un día de sol en que íbamos todavía al colegio, que es como un cuadro de Marie Laurencin".

viernes, 23 de octubre de 2009

"México con 'x' de galaxia"

Terminar de leer un libro de Rodrigo Fresán es, en realidad, empezar a leerlo. Y es que su obra tiene un orden particular, su orden, el orden fresaniano, el orden del Irrealismo Lógico como él mismo denomina a su narrativa. Su territorio es siempre, en mayor o menor medida, Canciones Tristes, la ciudad en donde solo se cumplen y rompen las leyes de RF. Una ciudad que viaja por el mundo a través de su obra –Sad Songs, Chamnsons Tristes- y cuando esta no es el escenario, son sus leyes las que colonizan, en este caso, México, Ciudad federal de México, DF.

Mantra no es una obra por la que una viaja, es una obra por la que uno se pierde, y si no te pierdes la cosa no tiene mucho sentido, creo. Una obra que se asimila por completo a la primera leída es como regresar de un viaje al cual no tienes razones de volver a realizar. Por eso, si leer siempre es darse cuenta que uno ha leído menos porque descubres siempre que hay más, mucho más detrás de cada libro, a eso habría aumentarle el producto de tu bioblioteca por dos o tres o cuatro o cuanto uno más quiera. Mantra tiene esa esencia, se multiplica. Y se multiplica también porque México es un luchador enmascarado por sus propias tradiciones, lo que hace que México pueda ser más de un mundo en sí mismo. Por eso, a RF, solo le queda describir al DF a su manera para lograr una obra como esta.

En Mantra uno queda anulado, perdido, sin piso, pero aprende. Aprende que perderse es también la posibilidad de encontrar un nuevo camino, un camino hacia una nueva realidad o verdad. Todo depende de uno y, sí, del libro que uno tenga entre las manos.

Algunas cosas mexicanas y otras cosas:

“Lo verdaderamente inolvidable no merece ni necesita del auxilio de una foto para ser recordado. A no ser que la foto en cuestión trascienda las fáciles obligaciones de la nostalgia para crecer a una especie de artefacto atemporal que desafíe el enigma de todo lo que vendrá justificándolo o, por lo menos, haciéndolo un poco más comprensible”.

“Lo que se canta duele menos de lo que se dice”.

“Uno siempre sabe cuándo su médico está por darle una pésima noticia porque, misteriosamente, pasa del singular al plural cuando habla. Ya no es he descubierto sino hemos descubierto. Como si necesitara de alguien que lo ayude o alguien con quien compartir la culpa”.

(Acerca de los musicales) “Eso de, en medio de una conversación, decir ‘deja que te lo explique’ y ponerse a cantar y bailar. Es raro. Es, seguro, síntoma claro de un tumor cerebral ¿no le parece?”

“Uno sabe que está en problemas cuando el nombre de los medicamentos que le recetan suena demasiado parecido al nombre de enfermedades”.

“Las mismas palabras dichas una y otra vez, todas las veces que fueran necesarias, hasta que al final también ellos, milagrosamente aleluyaformes, no pudieron sino acabar creyendo en todo aquello en lo que habían conseguido que todos los demás creyeran.
Así, creo yo, es como empiezan las mejores religiones”.

“Los muertos son como notas al pie de un texto: explican algo, lo hacen todo más claro, pero con la letra muy pequeña son pocos los que se molestan en leerlos y en escucharlos”.

“La amnesia no es más que una de las tantas formas en las que se manifiesta el amor”.

“Dejamos de pensar en viajes espaciales para sacar pasajes al interior del cuerpo”.

“Hay algo de conquistador en todo aquel que mira un mapa”.

“La Virgen de Guadalupe es el Bob Dylan de las vírgenes: siempre está en gira, The Never Ending Tour”.

“El que desde entonces las canciones estén obligadas a tener imágenes (clips) es una enfermedad muy parecida a aquella que tiempo atrás castigó a los libros convirtiéndolos en films. Pero peor, más grave, Terminal; porque a uno le gusta escuchar música con los ojos cerrados ¿no?”

“Católicas por fuera y mexicanas por dentro. Como las mujeres mexicanas”.

“De todos los muchos peligros de México, pienso, uno de los más peligrosos es que México suele hacer realidad tus deseos.
México te escucha y te entiende. No importa el idioma”.

“Se camina por un cementerio como se camina sobre hielo muy fino, sobre un espejo”.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Vibra, Subraya y Conecta


"(...) esa sutil vibración de todo lo que nos rodea cuando leemos por primera vez una frase que jamás se nos olvidará". (R. Fresán)