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jueves, 23 de diciembre de 2010

A propósito de la condena a Videla





Aplaudir por la sentencia a candena perpetua de una persona a veces resulta más humano que sádico. Porque se aplaude por el reencuentro con esa palabrita "justicia" que se pone en duda tantas veces. Para las víctimas, muertas o no -la justicia es algo que trasciende lo terrenal-, y los familiares de éstas, era más bien algo cotidiano. Entonces aplaudo también.

Y como no cuento con la fotografía de una víctima que restregarle en la cara a Videla, subrayo algunas cosas de quienes por entonces representaron la RESISTENCIA.

Esa "alma de piedra" que en el disco Camalotus le atañó Spinetta a Buenos Aires años después, es el concepto breve y conciso de lo que produjo el rock argentino en aquellos años: no una alma insensible, si no una alma dificil de destruir. Lo que Sergio Pujol, en su artículo Años de Paranoia y Soledad, llama el "mérito del rock de mantener encendida la llama (digamos con franqueza: la llamita) del espíritu desidente...".

Y es que cuando el hombre se ve estrujado por lo que Hannah Arendt llama el "anillo de hierro" que va a encerrando al hombre en su soledad, cada movimiento mínimo (hasta el celular o molecular) del encerrado adquiere, por que no le queda otra, mayor independencia o autonomía. Como señala Jorge Monteleone en Cuerpo constelado: sobre la poesía del rock argentino: “Del susurro a la histeria, de la respiración al grito, del relato a la interjección: los vocablos delimitan una región singular respecto de la lengua normativa".

En ese pequeño espacio poderoso hubieron muchos con distintas palabras. El mismo Monteleone refiere que "donde Spinetta decía Dios, donde Fito Paéz, mucho después, diría corazón, Charly García nombra: instituciones.” Y así, esa cadena iniciada molecularmente en una creencia en Dios y un sentimiento en el corazón, llegó a sentarce institucionalmente esta semana en el tribunal federal de Argentina para sacarle un minusioso gesto (quién sabe de qué) a Videla al escuchar su condena entre aplausos y la mirada, desde fotografías, de los que sufrieron bajo su lengua normativa.

Quién sabe si la sentencia dictada hubiese sido posible o si los que llevaron a acabo el juicio hubiesen podido estar presentes, si durante aquellos años 70's no hubiese existido esa compañía, traducida en la música, que permitió a muchos no sentirce solos ni derrotados. Resistir no es aguantar, es cambiar. Como ayer, como esta semana, como hoy.

A todo esto yo me quedo con una denuncia emitida en aquellos años:

“Denuncio a los participes de toda forma de represión por represores y a la represión en sí porque atañe a la destrución de la especie (…) El Rock cambia y se modifica, es un instinto de transformación".
(Luis Alberto Spinetta, Artaud, Manifiesto “Rock: música dura, la suicidada por la sociedad”)

(Información tomada de la exposición "Rock: alma de piedra" que realicé en el 2009 junto a Claudia Cordova para un seminario de historia en la universidad)

miércoles, 13 de octubre de 2010

Lo que toca el guitarrista de Picasso

"Luca Podran dio una definición que bien podría aplicarse al folk: 'yo te doy una guitarra y vos con eso solo haceme latir acá', dijo tocándose el pecho". (Sergio Marchi)

En: Revista La Mano Nº 78 Año 7
New Fogón: todo lo que ud. siempre quiso saber sobre el folk y nunca se atrevió a preguntar
¿de qué hablamos cuando hablamos de folk?

martes, 6 de julio de 2010

Nocturno de Chopin

He estado desconectado del Blog un tiempo debido a los trabajos de la univerisdad y esas cosas. Sin embargo, las ganas de volver a leer, subrayar y publicar libremente no se me quitan. Por ahora dejo algo de lo que he estado haciendo.
Me pidieron escribir, para el curso de Historia del Arte 2 (apreciación de la música clásica), un texto sobre uno de los compositores que más me hubiera llamada la atención. Elegí a Frederic Chopin y escribí esto.

La sinceridad de cada uno en Chopin
Cuando una música como la de los nocturnos de Chopin refleja una atmosfera de tranquilidad, de armonía, de serenidad, inevitablemente surge también la posibilidad de la otra cara de la moneda: el desastre, la violencia, el caos. Y lo curioso es que podemos empalmar esas composiciones con cualquiera de los dos escenarios opuestos y la sensación de sinceridad prevalecerá.

Me explico. Pensemos en diversas imágenes, circunstancias o recuerdos que nos expresen serenidad. Pensemos, por ejemplo, en una puesta de sol o un invierno capaz de dar calor con su propia neblina, en la sonrisa de una mujer al despertar, en el nacimiento de un bebé o de un rio. Chopin –aparte de hacer surgir todos esos pensamientos- sólo podrá embellecerlos más de lo que los propios recuerdos y la imaginación ya lo hacen. Chopin pondrá, seguro, un vino en la puesta del sol o un cigarrillo en el invierno, enfatizará el olor de la mujer, hará volver a nacer al niño y pondrá en cámara lenta el movimiento del rio.

Pero también puede ser capaz de convertir la armonía en ironía. Pensemos, por ejemplo, en el petróleo extendiéndose lentamente en el mar, en las personas que mueren todos los días en las mil y un guerras, en un hombre aceptando el cargo de presidente de algún país, en un oso polar sin una superficie donde descansar. ¿No serán acaso melodías como las de Chopin las que mostrarán las manchas enteras en el mar, las que revelarán la increíble capacidad del hombre para matar a otros, las que harán que el hombre cruce los dedos al juramentar , las que nos hagan oír la respiración del oso cansándose?

Chopin hace bello lo agradable y aterrador lo desagradable. Eso es sinceridad. La sinceridad de los nocturnos de Chopin es lenta, ordenada, serena y justamente por ello expresa lo que tiene que expresar y nos hace entender y percibir el mundo de una manera directa y clara, agradable y dura, pero siempre serena y reflexiva. La sinceridad de Chopin es la expresión de la sinceridad de cada uno con su mundo.

Aquellas noches del romanticismo en las que Chopin interpretaba sus composiciones en salones para un selecto grupo de personas, eran, al fin y al cabo, una interpretación y exaltación del mundo distinta en cada una de esas personas. El tiempo no desgastará aquella potencialidad, así pase de vinilo a casete, de casete a CD y de CD a mp3. Porque su capacidad no radica necesariamente en el tono en que diga las cosas, sino en la reflexión y el pensamiento insertados como un todo en un tipo de lenguaje particular: los nocturnos.


domingo, 20 de diciembre de 2009

Fiestas vitales

Hace algún tiempo, cuando se venía Faith No More, pensé en colgar esto y hace unos días conversando con un amigo me percaté que nunca lo hice.

Nunca es tarde dicen. Aún así hay cosas fuera de lugar. No importa.
A lo que voy. En 1991 FNM fue invitado al Festival de Viña del Mar. Lo que ocurrió fue que una sociedad vió lo que no "debían" o querían ver. Alberto Fuguet ha escrito varios artículos acerca de esto. Lo primero que leí fue en Primeta Parte, la primera compilación de sus textos periodísticos. "Mike Patton salvó el verano" comienza. Y es que MP no solo le tiró agua al familiar público de Viña, sino que no dudó en cogerle el culo a quien pudo. El choque fue tal que no faltó algún medio que puso en primera plana "Please, no more".

Hace unos meses, con la segunda llegada de FNM a Chile, AF en su página Apuntes Autistas volvió a tocar el tema, esta vez con La Teoría Patton. Subrayo esto:

"Eso es, básicamente, “la teoría” o, como dicen algunos, el mito. Para muchos fans, y analistas de la cultura pop local, esa noche en Viña algo sucedió y algo se quebró. Lo que se trizó fue el Festival “a lo Pinochet”, una semana de música empaquetada para “toda la familia”. Faith No More no es para toda la familia; y Mike Patton, ni su voz, ni su forma de ver el mundo es para las madres que, en ese momento, no querían tener hijos como Patton, el cual terminó alienando a la platea, dedicándole su tema más hardcore a Myriam Hernández y vistiéndose como un escolar en ácido. El público presente quedó asqueado y huyó; la prensa reaccionó con furia; la oposición insistía que “esto es el arte de la Concertación”, mientras que miles de jóvenes criados en dictadura veían que, por fin, algo nuevo “sucedía en democracia” (ese festival fue el primero de la transición)."



Me hace recordar a la vez que -por razones x-varios tíos míos se encontraban viendo los MTV Video Music Award Latinoamerica. Unas tías, que rato antes habían comentado los pliegues del vestido de Dido -uno rojo bastante elegante, recuerdo-, se quedaron espantadas cuando The Mars Volta desató todo su enrredo musical en el escenario. Cedric Bixler-Zabala, el cantante de la banda, gritó cuanto pudo en el escenario lanzando el micrófono de un lado a otro a lo The Whoo. Cuando esto le aburrió un poco no dudó en meterse entre el público sentado. Se trepaba donde podía y sacaba a todos de sus asientos. Ante esto, mi tía soltó la pregunta a la que ya estaba acostumbrado en situaciones como esas: ¡Qué hace! ¡Qué barbaridad! ¡¿No estará drogado!?

Me hicieron bajar el volumen, me preguntaron si yo escuchaba esa música, me preguntarón si eso era música.

David Elitch, el baterista, no paró de darle a la batería en ningún momento. Cedric fue un poco más allá y le quitó a un pelado sus lentes de sol que, claro, no se los puso más que en la boca. ¡Dios! ¡¿Cuanto le habrán costado sus lentes al pobre señor¡? soltó una vez más una tía.



Sea porque son de otra generación, o de otra clase, o de otro lo que sea; esos choques frontales que se ocasionan en ciscunstancias como estas son intensos. Es como si un niño entendiera eso del sexo viendo a sus padres en el baño de una fiesta de cumpleaños de un amiguito. Duro, directo, instenso, claro. Así se presentan las otras realidades del mundo. Las causas y consecuencias del encierro (la sociedad chilena de inicios de los 90's, mi tías, la gente espantada) y el escape (simplemente otra forma, no establecida y dictada, de ser). Como escribe AF en Recuperando la fe: "una gran fiesta vital que celebra lo bueno dentro de todo lo malo".

sábado, 10 de octubre de 2009

09/10/09

"Latinoamérica es una sociedad necrófila"

lo dijo Hildebrando Pérez por Benedetti hace unos meses, se puede decir hoy por el Zambo Cavero, ese que alguna vez nuestros padres nos quisieron llevar a ver y preferimos quedarnos en casa a ver la televisión.

domingo, 27 de septiembre de 2009

El Morrison que conversa

No soy un Doorsiano, la vedad. Si me dan elegir, me voy por otra banda, muchas otras bandas. Si debo ser juzgado por ello, cojan sus piedras.
Morrison… sí, algo más de interés me causa. No importa, siempre hay una primera vez.

Aún así, cuando estoy en medio de una conversación un poco personal en cuanto a intereses y/o vocaciones me descubro siempre citando a JM. Y me alegra mucho que no sea la letra de una canción, sino unas palabras suyas que soltó en la entrevista 1969 que le hizo Jerry Hopkins, el mismo de No One Here Out Alive, para la Rolling Stones. Yo la leí en la edición latinoamericana de octubre del 2004 cuando la volvieron a publicar junto con otras a John Lennon y Keith Richards y que se anunciaban como las mejores entrevistas de la RS.

Eso. Subrayar, homenajear y celebrar al JM de una conversación, con el disco en pausa, stop o mute, para que otras conversaciones continúen mejor y se les de más de tiempo.

"Creo que tu religión, tu política, tu filosofía, no son tanto lo que fumas, tomas, usas... ni tu pelo, tu cara, o lo que has hecho. Tu religión o tu política es aquello a lo que le dedicas más tiempo. Nada más, nada menos. Es una explosión de logros".

sábado, 30 de mayo de 2009

Islas (y algunas otras cosas) - Alejandro Susti

Profesor en varias universidades de Literatura y Comunicación, Alejandro Susti es sobre todo músico y poeta. Nacido en Lima en 1959, hoy cuenta como músico con cuatro discos independientes: Tren al edén (1988), Sueño en la ruta (2003), Kaoscopio (2005) e Islas (2008). Como poeta ha publicado dos poemarios: Corte de Amarras (2001) y Casa de citas (2004). Tiene también dos investigaciones publicadas: una tesis sobre Eva Perón y un estudio sobre la ciudad de Lima en el cuento peruano moderno que trabajó con José Güich. El año pasado estuvo entre los finalista del premio de la Bienal Cope Internacional de Poesía y ahora, a pesar de que parece que su producción estuviera en pausa, ya tiene todo listo para un nuevo poemario mientras piensa en también en el siguiente disco.

Con él nos juntamos para profundizar tanto en su último disco como en una visión un poco caleidoscópica de sus pasiones, la música y la literatura local, la ciudad y la sociedad que son fantasmas que lo acosan.
Si bien has dicho en varias entrevistas que tu nuevo álbum ‘Islas’ es más privado, que se aleja de ese mensaje social de las letras de ‘Kaoscopio’; en varias de las letras del disco aún se encuentra. Por ejemplo ‘Tóxicas’ y ‘Narices Frías’. (Las flores se secan / en la pista se seca / ciudades desiertas / basuras de profundidades / que envenenan las alturas.) (Vengan, hagan su agosto y compren / sin importar el costo, hasta perder el sentido) ¿Es un mensaje constante?

Sí, es cierto. El disco comienza como haciendo un puente con el anterior, por eso yo puse esas dos canciones antes. Todavía ahí está la huella, pero es una huella más suave. Las letras del disco ‘Kaoscopio’ son más denotativas. Los títulos mismos lo dicen. En las canciones de Islas, por ejemplo en ‘Narices frías’, el título te puede sugerir varias cosas. Por qué llamar a una canción narices frías ¿no? Se puede referir a los perros, pero yo estoy hablando un poco de la gente que carece de algo, que puede pasar desapercibida, como las noticias de los periódicos. Traté de hacer un juego más libre con las palabras.

Siempre tienes eso presente ¿no? Esa parte de la sociedad aún no asimilada.

Sí, a veces sale por lo bajo la crítica social. Y en la época de los ochentas todo eso estaba a flor de piel, era todo muy patente. Yo trato de camuflarla, pero uno escribe del entorno en el que le toca vivir. Hablar solo del tema social es limitar un poco la canción. Entonces lo que hago es tratar de usar imágenes que permitan, no solo asociarla con una situación social determinada, sino que la letra tenga más libertad.


Otra característica de las letras del disco, y que va de la mano del sonido acústico y más sereno que tiene, es la presencia de la naturaleza con metáforas, parecen cuentos para niños. Y dentro de ellas la imagen del árbol como un Dios. (Y dime cuando tú / serás tan fuerte, tan alto / tan bueno como un árbol.) ¿A qué se debe?

Buen punto. Sí, es para mí, en verdad, totalmente inconsciente. La imagen del árbol puede representar las raíces, que tiene raíces fuertes en la tierra pero que ha podido crecer, se ha podido proyectar. Símbolo de fortaleza, fertilidad, de renovación. Como si la persona fuera un árbol también. Por eso hay más naturaleza, porque hay menos bulla. ‘Islas’ se parece más a lo que yo he hecho durante toda mi vida que ‘Kaoscopio’. Ese disco es para gente más joven y para reencontrarme con mis raíces rockeras. Yo siempre he tenido una nota más melódica.

La letra de ‘Aeroplano Azul’ es bastante particular, parece una queja pero también una promesa (Cuando yo sea famoso / vendrás hasta mí / cuando yo aparezca en cine / vendrás hasta mi… Si yo fuera / un millonario, un playboy /y tuviera un Ferrari azul / viviría en el fondo de tu corazón) ¿Qué me dices de ella?

Es una letra que trata de joder a la gente que tiene ciertos prejuicios con la fama, con cosas así. Es la historio de ese patita que quiere que la chica se enamore de él, pero se siente no valorado por ser simplemente uno más. Por eso la idea de los ojos azules, la fijación con el color azul. A través de él quiero hablar de las personas que solo se fijan en la portada. La gente que tiene dinero y no puede ser feliz con ese dinero. Eso está también en varias canciones mías. Me interesa hacer esas canciones para joder ese tipo de mentalidad.

¿‘Calidoscopio’ y la nueva versión de ‘Ángel (parte 2)’ son un rezago de ‘Kaoscopio’?

‘Calidoscopio’ por el título nada más. Fue anterior al ‘Kaoscopio’. Yo vivía afanado con el calidoscopio, en él la palabra se convierte en un puente para llegar a la cosa más onírica, más surrealista, la posibilidad de asociar cualquier cosa. Y en ‘Ángel’, lo que pasa es que las canciones no son un ejército de soldaditos que viene uno atrás del otro, no hay un orden cronológico. De ‘Ángel’, del ‘Kaoscopio’, yo tuve primero la estrofa y la tuve que mezclar con miles de opciones y por ahí también salió ‘Ángel (parte 2)’ que terminó en ‘Islas’. Es probar, no me conformo con una sola versión. Durante muchos años me dediqué a podar muchas canciones.

Para este disco ya no contaste con la participación de la banda de siempre, ‘La patrulla del cielo’, pero seguiste trabajando con Daniel Wilis y en alguna ocasión se han presentado solo ambos. Me recuerda al dúo que hace Dave Matthews con Tim Reynolds ¿Cuál es la relación con Daniel?

Acá los músicos tienen mucha práctica, pero nunca encontré a una persona tan creativa como Daniel. No es quizá un guitarrista tan depurado técnicamente, pero encuentra fórmulas, salidas. ¿Y sabes porqué? Porque ha escuchado un montón de música. Al antiguo guitarrista una vez le dije que quería una canción estilo King Crimson, no entendió. Con los músicos hay compartir códigos, lenguajes, registros. Daniel sí funciona. Lo conocí dos semanas antes de grabar el ‘Kaoscopio’. No hubo ensayos con Daniel, él toca para el disco en la casa del productor. No estuvo en los ensayos. Ahí demostró su versatilidad.

¿De dónde sale el nombre ‘La patrulla del cielo’?

Lo saque de un programa de ‘Las chicas súper poderosas’ (Risas) Mi hijo veía. En un capitulo apareció un patita con una moto en el cielo y mencionaron algo así. Lo puse no más, no lo pensé dos veces.

En los años ochentas participaste en importantes festivales junto con Susana Baca, Frágil y en eventos culturales donde participaron Mercedes Sosa, Silvio Rodrigues, Fito Páez… Ahora tus presentaciones son menos comunes. ¿A qué se debe?

Es difícil. En mi caso, para una presentación soy yo el que tiene que encargarse de todo y trabajo en otras cosas, me siento abrumado por todo eso. Me gustaría tocar más pero es bastante trabajo. Yo he financiado todos mis trabajos y he perdido plata muchas veces, entonces uno piensa en eso también. Y quizá ya no tengo el poder de convocatoria que tenía. No me interesa ser conocido, simplemente que se reconozca lo que hago, que se sepa que lo que hice, lo hice con un intento de hacer algo distinto, no guiado por intereses que sean ajenos a la música.

¿Qué piensas del rock nacional de hoy en día?

Ha habido muchos cambios. Los músicos tienen mejor formación que en mis años que eran músicos de oído. Ahora se estudia, no solo música, también producción. Hay mucha más conciencia del negocio de la música. Eso está muy bien. Pero todavía falta mejores producciones. A veces escuchas un disco de una banda nacional y la batería parece una batería a pilas. Se descuidan cosas esenciales como esas. La calidad del sonido queda grabada en el subconsciente.

¿Y de que el Perú, por lo menos por ahora, sea una nueva parada para las bandas internacionales?

Traen puros cadáveres. Roger Waters fue importante, Peter Gabriel también. El problema está en que el público se entusiasma por el evento pero no hay reflexión. Se alaba que venga fulano de tal pero son todos como stickers que pegas en tu ventana y a la semana lo vas a reemplazar por otro, son todos productos descartables. Me gustaría que venga alguien que ha dejado algo, algo sobre qué pensar. No hay tradición rockera por más que hayamos sido pioneros en Latinoamérica. No ha habido una apuesta seria de los medios de comunicación. No hay una radio de rock nacional, debería haber por lo menos una, hermano ¡No existe! ¿Por qué no existe? ¿Quiénes son los responsables? No son los músicos los responsables.

El arte de los dos últimos discos es bastante similar. Inclusive el del segundo ha sido hecho por tu hija Clara. ¿Ha sido idea tuya? ¿Cómo manejas esa parte del trabajo?

Yo lo guío un poco. En ‘Islas’ quería trabajar un poco con el color amarillo. Había la idea del horizonte. Es el paisaje costeño, el mar, nuestro punto de fuga para nosotros que vivimos en Lima.

Me llamó la atención el agradecimiento que le haces en el disco a un tal Octavio por comprar el Álbum Blanco allá por el 74. ¿El de los Beatles? ¿Cuál es la historia?

Él es mi hermano menor. Cuando éramos chiquillos comprábamos discos en una tienda en el centro con las propinas. Una tarde yo me la gaste en otros discos y entonces yo lo manipulaba a mi hermano y lo convencía que debíamos comprar tal disco. Vi que había varios de los Beatles que no habíamos escuchado, entre ellos este disco raro, todo blanco, escrito en relieve y ¡era doble! Lo convencí y lo compró. Al final ese disco lo escuchó toda su vida. Es un acontecimiento desencadenante, de esas cosas pequeñas que ocurren en la adolescencia de cuya importancia tú no logras entender hasta después de muchos años.

¿Cómo manejas tu labor de literato y de músico? En ‘Kaoscopio’ haces una versión de un poema de Cesar Vallejo y algunos de tus poemas de ‘Corte de Amarras’ tratas el tema de la música. ¿Se complementan ambas pasiones o tratas de trabajar con ellas por separado? Sobretodo en la composición.

Viven separadas en teoría. Si tú lees la letra de una canción sin la música se pierde mucho. Un poema se tiene que sostener por si mismo. Pero a pesar de eso, sí, a veces hay un punto de contacto. Lo bonito es que el poema te da libertad de imaginación y esa libertad la puedes aplicar a letra de la canción. Se retroalimentan. No es un diálogo que yo haya querido hacer muy explícito.

¿Has escrito textos más narrativos? Varias de tus canciones son pequeñas historias.

Sí, ‘Calibre 38’ por ejemplo, es la historia de tres mujeres. Tengo una especie de novela, pero yo no he trabajado mucho en lo narrativo. Son textos medio autónomos, un poco autobiográficos. Hay que apelar a otro tipo de herramientas totalmente distintas a las de un poema. Hay que convertirse en otro individuo, tener mayor disciplina.

Se podría decir que vives de tus pasiones: la música y la poesía, además de trabajar como docente de literatura en varias universidades. ¿Hay algo aparte a que te hubiera o te gustarías dedicarte?

Me gustaría tener más tiempo para hacer música. El tiempo que tengo lo uso efectivamente. En el verano, cuando dejo de dictar clases, empiezo a producir a diestra y siniestra. He tomado una conciencia del tiempo en la que creo que hay que encender el fósforo en el momento indicado. A veces intento algo con Daniel y en la noche ya estoy soñando con música. Mi mente empieza a trabajar horas extras.

¿Sientes que ya lograste tu mayor trabajo en la poesía, la música o la investigación?

No, creo que no. Voy a seguir jodiendo. Ser conciente de lo que uno ha hecho es perder el tiempo. Me gusta más ponerme en el plano del creador. En el renacimiento, por ejemplo, podías dedicarte a pensar en el hombre que vuela, había un estudio constante. De eso consiste estar vivo ¿no? Interesarte por todas las criaturas que te rodean. Más me interesa esa curiosidad a la del que se siente y comienza a evaluar.

Estudiaste una maestría también en comunicación de masas que tuvo como producto la tesis de Eva Perón. ¿Cómo llegaste a interesarte por las masas?

Entré a trabajar al IPP cuando recién empezaba y me sugirieron que profundizara un poco en la publicidad. Y cuando voy a Estados Unidos estoy con esas ideas, ya no la literatura, en ese lapso. Conseguí la posibilidad de seguir esa maestría y conocí muchas cosas con las que acá no había podido tener contacto. Al terminarla era el año 93 y eran años terribles para el Perú, no queríamos regresar. Entré a enseñar español en la misma Universidad de Towson. Ahí volví a tener contacto con al literatura cuando suplanté a una profesora cubana que enseñaba literatura precolombina. Pensé en qué pasaría si me quedaba allá y conseguí la beca para hacer el doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de John Hopkins. Me quedé cinco años más. Viví como un estudiante.

¿Cómo ves la literatura nacional y el trabajo de las editoriales locales de ahora?

Cuando regresé de Estados Unidos empecé a leer narrativa de los escritores que habían crecido en los noventas. La experiencia fue un poco decepcionante. En la poesía fue distinto, la poesía peruana es fundamental. En el caso de las editoriales es un poco absurdo. Veo que se publican obras por todas partes pero yo no veo que el público lector crezca. Lo que se vende son libros ligeros, para un viaje. Pocas veces te encuentras con un libro que valga la pena. Algunos tratan de publicar cada año, si el estado diera becas a los narradores lo entenderías, pero esa gente se dedica a otras cosas ¿qué tan interesante puede ser la literatura que está reproduciendo sino están devotamente metidos en ella? Los que están más conectados con los medios como Ampuero, Cueto, no son los que producen mejores resultados. Los anónimos cuando mueran recién van a ser valorados. Es injusto pero es la realidad. Mira Oswaldo Reynoso.

En muchas de tus composiciones suelen haber una relación fuerte con la imagen de la ciudad, la ciudad como un mal, como un monstruo. Además, en el 2007 publicaste, junto con José Güich Rodríguez, Ciudades Ocultas, un estudio de la ciudad de Lima en el cuento peruano moderno. ¿Cuál es tu relación lírica y literal con la ciudad hoy?

Es una relación medio amor-odio. La ciudad como sitio del desarraigo, que te va empujando, donde todo lo que adorabas termina desapareciendo por el desarrollo. A nadie le gusta un lugar que quite lo tuyo, donde desaparecen las huellas de tu historia, que te lleva a la extinción. Y más Lima que crece caóticamente que ya no respeta ni los monumentos. Eso da rabia. El odio es contra los responsables de la ciudad.

Y eso se contagia a una sociedad que empieza a ser también prepotente ¿no?

Sí, tú también empiezas a funcionar de esa manera, a ser un poco salvaje. Ese el rechazo. Hay también una necesidad de la ciudad porque uno está acostumbrado espacialmente. La idea de ir a vivir al campo para tratar de ser algo que probablemente no puedas llegar a ser también me parece ilógica. Hay que darle lugar a la naturaleza en el espacio de la ciudad. En el renacimiento hubo la teoría de la ciudad como un lugar del encuentro, de armonía. Hoy da pena percatarse que nunca fuimos capaces de lograrlo. La ciudad es el lugar de los desencuentros. Hay cosas que me gustan, me gusta el mar por más que esté todo cochino. (Risas)

¿Qué viene ahora? Poesía, música o investigaciones.

Hay un libro de poemas que ya está para la imprenta. Se llama ‘Cadáveres’ y el tema central es la muerte. Uno se va obsesionando con el tema conforme va pasando el tiempo. Es un libro que empecé a escribir hace como cinco años. Quiero presentarlo en la feria de libro. Y el siguiente año será otro disco que ya estamos viendo con Daniel y que lo trabajaremos en verano, con tiempo. Antes me preocupaba coger el pez una vez atrapado, ahora sé que el pez no se va a ir, que lo puedo dejar y cuando regrese va a estar más gordo.
R. Lescano Méndez
26/05/09

sábado, 10 de enero de 2009

Playing for Change - Marck Johnson

A estas alturas de la vida, de la historia, del tiempo, es normal pensar en nuevas alternativas. Hoy, dejar de depositar esperanzas en un voto electoral para la presidencia del país, por ejemplo, y pensar más bien en plantar un árbol es válido, lógico. ¿Por qué? Por que de un árbol podemos respirar todos por igual.

Marck Johnson no se acerca tanto a la jardinería, él cree más en la música. Y así como muchos, reconoce en ella toda su fuerza. Pero no para trasladarse en el tiempo o partirse el alma sino, todo lo contrario, para pensar en el presente y unir el alma, el alma de la humanidad, nada menos. Quizá suene como una idea fantasiosa, pero no lo es. Es un proyecto, Playing for change, y una meta, peace through music. ¿Cómo lograrlo? Simple. Haciendo cantar, celebrar y ayudar, a la vez, a todo el mundo.

Así es, Playing for change fundation (PFCF), es un proyecto que consiste en unir al mundo a través de la música. Y no es una propuesta repartida y dividida por el mundo con conciertos de Madonna o U2 como obra benéfica. PFCF tiene su arma en la energía y esperanza que los músicos callejeros depositan día a día en la música. Cada uno, desde su continente, país, ciudad, calle o esquina, que vienen a ser lo mismo en este caso, trabajan unidos a la distancia por este proyecto que lleva adelante MJ.

MJ y su fundación trabajan en esto de la misma forma en que nació, por las calles y con las orejas paradas. MJ, en una mañana cotidiana que tomaba el metro en Nueva York, pensó en esta idea cuando dos hombres, uno cantaba y otro tocaba la guitarra, hicieron que todas las personas que estaban presentes se olvidaran de la vida mecánica por un momento y les prestaran atención. Cantaban en una lengua que hasta ahora no sabe cuál es. Nadie entendía nada, pero todos recibieron el mismo mensaje y, para no ser exagerados, les sudó el ojo.
Él entendió algo más, que la música es unión en todas sus formas. Que esos dos hombres no eran los únicos en el mundo era algo lógico, tan lógico que no se piensa en ello. Él no los podría juntar a todos pero sí unirlos, o sea ayudarlos, que se ayuden y ayuden a otros. Desde entonces es que PFCF recorre los continentes recolectando todas las voces y notas musicales que andan sentadas en las calles del mundo. Luego, a través de sus voces y sonidos, se juntan en la edición y se unen (ayudan) en una canción. Una canción para que todos respiren por igual. La canción, Cd y Dvd recolectan ganancias que van al 100% para la construcción de escuelas de música, Playing for change, que se amplían en su labor llegando a la educación en las letras: desde escritura a poesía. Por ahora va una, en Sur África. Pero aún queda el resto del planeta.

Todo eso es bueno, muy bueno, jodidamente bueno y jodidamente humanitario. Pero tras esto hay puntos aún mayores. Primero, la importancia de tener fe en las ideas sueltas, de subrayarlas y conectarlas, de seguirlas hasta descubrir de que ese “granito de arena” conformista que suele bastar puede ser, usándolo de la forma adecuada, un sinónimo de paz. Segundo, la sutileza con que este proyecto destroza la política material del mundo de hoy, creyendo aún en la música de todos y no solo en las palabras de algunos. Y tercero, la prueba de una humanidad que ya no cree en lo que le dicen que debe de creer, sino en lo que siente y vive. La posibilidad de ver, con certeza, algo grande para el mundo en un árbol o una canción.



Algunas cosas de la entrevista a Marck Jonson, por Bill Moyers, periodista americano:

“MARK JOHNSON: Well I think music is the one thing that opens the door to bringing people to a place where they are all connected. It is easy to connect to the world through music, you know. Religion, politics, a lot of those things they seem to divide everybody…”
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“MARK JOHNSON: (…) There's no separation between music and people, when music is just happening and people can walk by and it can affect them, that this is an opportunity for us to really find a way to bring people together.”
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“BILL MOYERS: Did anybody ever say to you, "Mark, don't be naïve"?

MARK JOHNSON: Oh, absolutely. Absolutely. But to me, naïve is thinking that there's any other choice. You know? The only choice we have is to come together. And to inspire each other because that's the way that we'll create a better world for us now and for the kids tomorrow.

And the other truth is, I mean, you know, a lot of people are living in a world of fear. But we don't even know how long we're going to be in this world. So there's really no reason to fear anything. The most important thing is while we're here, let's make a difference together. That's what Playing for Change is trying to represent.”
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jueves, 18 de diciembre de 2008

Benedetti en Almendra

Algo rápido.
Almendra en 1971, junto con editores y esas cosas,
publicaron un libro del mismo nombre.
Trae poemas, fotos, citas, recortes, dibujos, etc, etc.
Conseguirlo, hoy en día, en alguna librería, imposible.
En internet, sí; escaneado.
En una revisada ligera,
y hasta donde permite la calidad de las imágenes,
algo básico, una cita a Benedetti clara y necesaria.



"después de todo, la verdadera
proeza
es realizar la conquista
con medios dignos, es decir,
no bajando el arte hasta el nivel
del público, sino elevando
el público
hasta el nivel
del arte
" (M. Benedetti)