domingo, 22 de agosto de 2010

El libro hoy

















- ¿Libro? ¿Qué es eso?
- Bueno... tú sabes... como el internet, pero hecho de árboles.

(Brian Griffin, Padre de Familia)

Imagen tomada de Bart Simpson and the history of scientology in animated television

miércoles, 11 de agosto de 2010

Nota del Tata
















Recibí una buena cantidad de libros gracias a la herencia por parte de mi abuelo, el Tata, Ernesto Lescano Murrugara, autoproclamado "Ciudadano defensor del agua" muchos antes de que el agua sea un problema ciudadano; ferviente aprista y gran pelador de manzanas. Entre todos los libros destacan los siete tomos de las Obras Completas de Victor Raúl Haya de la Torre.
Me topé con esta nota empezando a revisar los libros.

miércoles, 4 de agosto de 2010

El Fondo del Cielo

La historia. Dos niños judíos, Isaac Goldman y Ezra Leventhal, amantes de la ciencia ficción de una manera particular, personal, superior. Y una “niña rara”, Ella, de la que se enamoran. Todo dentro de un marco no sólo histórico (posiblemente los años 50’s en NY según Edmundo Paz Soldán) sino también espacial-temporal. Y en medio de todo, el constante fin del mundo que no es uno, sino la sucesión y el desencadenamiento de uno tras otro.

La forma. Rodrigo Fresán usa un método que ya había usado en novelas como Mantra: un collage de escenas y tiempos. Una por acá, otra por allá. Lo de después antes, lo de antes ahora, lo de ahora como un después. Tres partes que tienen como núcleo El Incidente (el reencuentro de Isaac Goldman y Ezra Leventhal en el lugar y momento justo de…). Las digresiones -que siempre ha señalado que permiten ver el making off del texto- permiten conocer el porqué de cada tema, de cada corte. La lógica de los mundos de Fresán está siempre ahí, entre la historia y el porqué de esa historia con un lenguaje sencillo que logra explicar cuestiones complejas y hacer creíbles situaciones inverosímiles.

No es mi primera lectura de Fresán, pero sí la primera vez que escribo acerca de ella. La dificultad es que los otros libros se aproximan siempre a las 500 páginas y entonces el viaje es más largo y lo que se quiere decir es tanto, así que mejor no decir nada. El Fondo del Cielo es su entrega más breve. Pero sólo la entrega. En un inicio fue una frase, luego unas 500 páginas otra vez y, finalmente, las 272 entregadas. La historia fue, pudo ser y es la siguiente: “mujer arrasa como tsunami a tres hombres / love story / TRISTEZA!!!”. “Parece tan pequeña por fuera pero una vez que se está adentro…”.

La Ciencia Ficción es el tema central. Una ciencia ficción que no se interesa en el futuro, sino en el pasado. Porque todo lo pasado es también ciencia ficción. “Lo que sucedió es algo tan fantástico como lo que sucederá”. RF aclara después, tras la historia, en sus ya fresanianos agradecimientos y aclaraciones, que El Fondo del Cielo no es una novela de sino con Ciencia Ficción. Es discutible si hablamos específicamente de la historia de El Fondo del Cielo. Pero la ciencia ficción como el mundo de “lo que pudo haber pasado, lo que no pasó y lo que ocurre cuando no se sabe si algo ocurrió alguna vez” como sintetiza Vila-Matas acerca de La Velocidad de las Cosas, es el terreno dominado y conquistado de RF. “La realidad de un mundo irreal coexistiendo con el nuestro”. Compartir en cierta medida esa inquietud existencial –no solo política y social- por “una realidad que no fue” es la clave, la llave que abre todas las infinitas puertas a “la posibilidad cierta de que todo sea cierto”. De ahí la infancia como la posibilidad total de todo siempre como personaje elemental o, por lo menos, central en los mundos de Fresán (para más información leer Jardines de Kingston).

El Fondo del Cielo es también y sobre todo una historia de amor. “Me pregunto si existirá algo más sci-fi que la súbita irrupción del virus del amor en el hospital de la juventud”. Y es que el amor lo altera todo. Tiempo y espacio. Pero el amor de este mundo que en la novela va constantemente llegando a su fin, es un amor con mucha, demasiada soledad. Porque el amor de Isaac Goldman y Ezra Leventhal por Ella y viceversa, es una posibilidad anulada por la misión que tienen asignada ellos (Ella más que todo) en este mundo. Entonces pensamos en eso de que “el amor rara vez sobrevive los largos viajes a otros sistemas planetarios o a dimensiones alternativas”. Y entonces qué ¿viajar o no viajar? En la novela, gracias al mayor bagaje de posibilidades, el amor termina sobreviviendo a pesar de todo, pero –no quedaba otra- sin llegar a ser.

Pienso en la imagen de un hombre –que sea un niño para no perder el contexto- mirando al cielo. Un niño sentado mirando el cielo por largo rato. Y entonces me pregunto qué es lo que puede estar pensando ese niño, qué es lo que uno estaría pensando mientras mira el cielo, el fondo del cielo, por largo rato. Y estoy casi seguro que piensa, recuerda o imagina algo relacionado con él. No en ese otro posible mundo-planeta que, quién sabe, puede estar tras el manto celeste, sino en ese planeta que es él mismo detrás del manto gris de sus parpados. (Creo que la idea está igual de explicita en alguna parte del libro y, sino, sutilmente en toda. Basta la portada tal vez.)

Algo así es lo que ocurre al fin y al cabo. El Fondo del Cielo es una historia de distancias enormes, distancias de planeta a planeta, pero con la misma intensidad es también la historia de las distancias más finas y pequeñas de uno, la distancia que separa el mundo que es cada uno del planeta en donde vivimos anulados como posibles mundos reales. El fondo del cielo es, también, el fondo de uno.

Y del mundo de hoy. Porque el humor negro e irónico es duro. Más duro aún cuando uno se da cuenta que -¡la puta madre!- tanta ficción de un mundo llegando a su fin constantemente y cada vez más cerca de la meta, no es más que la descripción de nuestro mundo (la fidelidad es mayor de la que pueden estar imaginando) desde la visión de un ser que ve las cosas de otra manera y que, justamente por eso, es que las ve tal como son.

Algunas cosas:

“la Historia de lo que fue –toda teoría novela o ensayo histórico- es también una novela de ciencia-ficción.
Lo que sucedió es algo tan fantástico como lo que sucederá.
El pasado nunca deja de moverse aunque parezca algo inmóvil”.

“La memoria es un astronauta que trabaja duro para establecer relaciones duraderas entre las estrellas, muchas de ellas muertas”.

“…el sonido de los recuerdos es exactamente igual al que hace el aire huyendo por un minúsculo orificio”.

“De los presagios es de donde surgen los hechos”.

“La memoria es una máquina del tiempo en reversa tan potente como lo es –siempre hacia adelante, o en múltiples direcciones alternativas- esa otra máquina del tiempo que es la imaginación”. (También en La Velocidad de las Cosas)
“Es fácil para otros (…) escribir, y hasta escribir muy bien, sobre las altas y bajas mareas del amor. Mucho más difícil de precisar son las variaciones en ese aparentemente estable lago que es la amistad y en cuyo centro, de tanto en tanto, estallan tormentas circulares y secretas por el solo placer de, enseguida, ser borradas por un inesperado cielo azul”.

“…la idea de que sólo exista un futuro se les hace insuficiente, insoportable. Así, el futuro como la Navidad y el cumpleaños. El futuro como el porvenir de una fiesta de posibilidades, de dones y regalos y deseos. Pero una fiesta donde, antes de ser admitido, hay que saber descifrar la invitación”.

“Ver a alguien a quien no vemos desde hace años equivale a ver el tiempo”.

“Toda perfección es igual, idéntica, sin sorpresas. En cambio hay tantas maneras divertidas y diferentes y tan interesantes de cometer errores…”

“No hay nada más instantáneamente supersticioso que un soldado en combate”.
“Se oyó un sonido un sonido como el que hace un libro que se cierra con fuerza, como el de una bofetada en el rostro de la humanidad”.

lunes, 26 de julio de 2010

La (H)historia de lo que hubo ayer

El nombre de Luis Alberto Sánchez siempre lo escuché pronunciado con un tono solemne e imponedor por mi padre. Un nombre con un sonido que yo no pude escuchar porque simplemente no existía. Ese sonido es el del Perú del siglo XX. Que su segunda mitad fue un Perú de golpe de estados y toques de queda, de fiebre de revolución y liberación, de cafés y bares como trincheras de ideas políticas y revolucionarias, de la influencia del amor libre, de los primeros televisores y los primeros partidos internacionales de futboll. Un Perú de Prados, Hayas, Belaundes, Velascos y demás personajes. Pero para LAS el personaje no es sólo uno, lo es todo. Los Revoltosos (1984), la tercera entrega de una serie que atraviesa todo el siglo XX, no es la historia de alguien, es la historia de algo. Es la historia de la Historia.

El personaje es la atmosfera política y cultural de una sociedad que es apabullada entre la inevitable corriente occidental y el socialismo revolucionario que ya empieza a sorprender en una Cuba que pasa a manos de Fidel. Una ciudad que es el campo de batalla de los políticos y los militares. Una ciudad que "era una contradicción, un diñalogo interrupto entre los campos conganas de urbanizarse y la ciudad obligada a ruralizarse" debido al fenómeno migratorio. Periodos que Raúl Palacios Rodríguez denomina "El reformismo civil moderado" (1956-1968) y "El reformismo militar radical" (1968-1980).

Así como John Dos Passos en Manhattan Transfer y Onetti en Tierra de Nadie, LAS entiende que cuando se trata de contar la historia de un todo, de una atmosfera, de un contexto, la mejor forma es la técnica del collage. No se trata de escoger un color en particular sino hacer girar la paleta y crear un blanco total. Tratandose de Lima es un gris logrado desde los bares y cafés del centro, la habitación de uno y otro presidente en Palacio, los comedores familiares a la hora del lonche, los callejones, calles, jirones, avenidas de la ciudad; las redacciones de los diarios, la Universidad y la Casona de San Marcos, los cuarteles militares, las manifestaciones.

Los Revoltosos es una de esas clases de seminarios de historia dictadas por un profesor que no dicta clase, sino que cuenta, narra, la historia. Uno de esos profesores que se ponen la máscara de la historia y modulan la voz en cada hecho en particular. Que hacen que uno se ría e indigne de verdad porque logra entender que somos producto de aquello que suena a una gran novela pero que es Historia. Solemne e imponedora.

Si Salazar Bondy creía que una ciudad es siempre una utopía porque es, en principio, un destino, LAS nos cuenta cómo es que esta utopía se perdió en el camino y por qué somos una sociedad que siente la ausencia de algo.

"La ausencia de alguien es como una amputación. Resulta un hogar mutilado sin ortopedia posible. Da ganas de gritar, clamando el nombre del que falta. La silla que ocupó stá allí como una acusación. El lecho en que descansó para siempre adquiere un sabor denunciatorio. El aire se aquieta con un aletear de eternidad. Todo queda lo mismo y sin embargo no se parece ya a lo que hubo ayer".

viernes, 23 de julio de 2010

La decisión de los santos y los locos

Leí El Hablador para un curso acerca de la teoría política y literaria de VGLL. El análisis fue en la busqueda de las ideas culturales y políticas de VGLL en la novela. El libro es un ir y venir entre la cultura urbana occidental insertada en la capital limeña y el mundo de los indios machiguengas en armonía con la naturaleza de la selva.
Entre ambos mundos: un hombre, amigo, hablador, santo o loco.
La frase citada en la contratapa debería ser:

"Ese género de decisión, la de los santos y los locos, no se publicita. Se va forjando poco a poco, en los repliegues del espíritu, al sesgo de la propia razón y al resguardo de miradas indiscretas, sin someterla a la aprobración de los otros -que jamás la concederían- hasta que se pone en práctica".

lunes, 12 de julio de 2010

El amor según Marx

















"...el amor es un fenómeno natural de la vida humana; es la propia ratificación del hombre en sus relaciones con otras personas". (Marek Fritzhand)

"El ideal de hombre según Marx"
En: Humanismo Socialista (Erich Fromm)

martes, 6 de julio de 2010

Nocturno de Chopin

He estado desconectado del Blog un tiempo debido a los trabajos de la univerisdad y esas cosas. Sin embargo, las ganas de volver a leer, subrayar y publicar libremente no se me quitan. Por ahora dejo algo de lo que he estado haciendo.
Me pidieron escribir, para el curso de Historia del Arte 2 (apreciación de la música clásica), un texto sobre uno de los compositores que más me hubiera llamada la atención. Elegí a Frederic Chopin y escribí esto.

La sinceridad de cada uno en Chopin
Cuando una música como la de los nocturnos de Chopin refleja una atmosfera de tranquilidad, de armonía, de serenidad, inevitablemente surge también la posibilidad de la otra cara de la moneda: el desastre, la violencia, el caos. Y lo curioso es que podemos empalmar esas composiciones con cualquiera de los dos escenarios opuestos y la sensación de sinceridad prevalecerá.

Me explico. Pensemos en diversas imágenes, circunstancias o recuerdos que nos expresen serenidad. Pensemos, por ejemplo, en una puesta de sol o un invierno capaz de dar calor con su propia neblina, en la sonrisa de una mujer al despertar, en el nacimiento de un bebé o de un rio. Chopin –aparte de hacer surgir todos esos pensamientos- sólo podrá embellecerlos más de lo que los propios recuerdos y la imaginación ya lo hacen. Chopin pondrá, seguro, un vino en la puesta del sol o un cigarrillo en el invierno, enfatizará el olor de la mujer, hará volver a nacer al niño y pondrá en cámara lenta el movimiento del rio.

Pero también puede ser capaz de convertir la armonía en ironía. Pensemos, por ejemplo, en el petróleo extendiéndose lentamente en el mar, en las personas que mueren todos los días en las mil y un guerras, en un hombre aceptando el cargo de presidente de algún país, en un oso polar sin una superficie donde descansar. ¿No serán acaso melodías como las de Chopin las que mostrarán las manchas enteras en el mar, las que revelarán la increíble capacidad del hombre para matar a otros, las que harán que el hombre cruce los dedos al juramentar , las que nos hagan oír la respiración del oso cansándose?

Chopin hace bello lo agradable y aterrador lo desagradable. Eso es sinceridad. La sinceridad de los nocturnos de Chopin es lenta, ordenada, serena y justamente por ello expresa lo que tiene que expresar y nos hace entender y percibir el mundo de una manera directa y clara, agradable y dura, pero siempre serena y reflexiva. La sinceridad de Chopin es la expresión de la sinceridad de cada uno con su mundo.

Aquellas noches del romanticismo en las que Chopin interpretaba sus composiciones en salones para un selecto grupo de personas, eran, al fin y al cabo, una interpretación y exaltación del mundo distinta en cada una de esas personas. El tiempo no desgastará aquella potencialidad, así pase de vinilo a casete, de casete a CD y de CD a mp3. Porque su capacidad no radica necesariamente en el tono en que diga las cosas, sino en la reflexión y el pensamiento insertados como un todo en un tipo de lenguaje particular: los nocturnos.